Scrum Monster: ¿Me dejas un post it?

Un día estás tan tranquilo, haciendo tus incidencias, tus desarrollos, testeando tu código, debugueando, o simplemente tirando líneas de código porque es lo que toca y hay que desarrollar alguna mierda. Y de pronto en un segundo…se jode todo. Notas un golpecito en el hombro, aparece un pipiolo trajeado, con impoluta sonrisa, traje de quinientos pavos y te dice: perdona ¿tienes un posit?
Descubres entonces que es «scrum master» y que viene a implantar «metodologías ágiles» para «agilizar» todo. Agilizar mis cojones al ajillo.
– Hola sí, te dejo el posit, toma – ¿pero tú quien eres piltrafilla? piensas.
Te suelta el rollo, que viene a optimizar esfuerzos, a agilizar tareas, monitorizar, mejorar tiempos, a dar valor añadido a los «sprints» (que yo sepa soy informático y no un jodido atleta), que nos va a aportar ideas chulas poniendo muchos posit de colorines, que si el product owner, las Daily Standup, backlog, stakeholders, la mura muda y muri, y su puta calavera en vinagre de módena.
En apenas unos minutos ya le tienes calado: trilero del quince, con un curso muy cool sobre algo muy nuevo que ni él mismo llega a entender. Cojonudo, otro «jefecillo«, otro «organizador«, otra «cabeza pensante«, otro visionario que viene a reinventar la rueda.
Te dice que le gustan mucho los «gangbang» o algo así (ya no le prestas atención cansado de su verborrea), luego aclara; «¡no no, se dice «Kanban«! «, tú te quedas pensando…le pegaba más lo primero.
Tu mundo laboral se ha jodido un poco más con la llegada del «agilizador» al que encima le pagan una millonada por poner post it y dar el coñazo con sus chupireuniones. El mundo informático gana un «más uno» en asquerosidad. La podredumbre crece y se extiende con la llegada de los «agilizators» seres de un futuro venidos para joder el presente (ta ta ta tan tan...música de Terminator).
Entonces comienza la orgía de egos.
Reunión diaria de quince minutos para charlar. Reunión que por supuesto nunca dura 15 minutos, siempre hay charlatanes e idiotas de diversa índole a los que le gusta darle «a la sin hueso», mucho más que hacer su trabajo. O que trabajar en sí. Es más molón pulular de reunión en reunión tomando notas y moviendo cartelitos.
Reunión también cada semana de una hora, para revisión de sprint y de demás polleces. Reunión que puede durar horas y horas, moviendo posit de un lado a otro y reajustando esfuerzos y tareas.
Reunión al principio de semana, para planificar y agilizar (ojo aquí ya se me empieza a escapar la risa, agilizar dice).
Reunión a final de semana para concretar qué se ha hecho y dar dinamismo al proyecto (me descojono, dinamismo, y lo dice sin reír ni nada, totalmente convencido de su fantasía).
Y por supuesto, reuniones de emergencia para ver los ToDo, los ToDone, y mover tareas y carteles de colorines de aquí para allá, y para atrás, y para delante, y otra vez para atrás, y sobre todo para reunirnos, es importante reunirse.
Tú que vivías feliz, que te mandaban un desarrollo, una incidencia, un nuevo trabajo y lo hacías tranquilamente, que sí, oye, podrías tener unos márgenes, unas horas dedicadas, una estimación, pero tenías TIEMPO. De repente llega el scrum poyas gangban y tu TIEMPO desaparece en un mar de reuniones chupiguays donde todo el mundo habla de lo que ha hecho, lo que ha avanzado, los bloqueos que tienen….todo menos trabajar.
Yo ayer hice un combobox..bla bla bla
Yo estoy bloqueado con una select..bla bla bla
Ayer hice un formulario..bla bla bla
La cosa es que tienes que parar de trabajar, de desarrollar, de hacer tu trabajo para ir a una reunión a decir que estás trabajando. Tienes que dejar de trabajar para decir que lo estás haciendo. Así una tras otra. Cuando estás concentrado, desarrollando, pensando, tirando código… «toc toc», llama el scrum monster; que oye, reunión de revisión del sprint , y tú piensas «¡¡¡pero no me jodas!!! ¿otra vez?, ya llevamos la daily, la de backlog y la de seguimiento semanal y ahora otra, déjame trabajar ya, hijo de perra» y te das cuenta que de en lo que llevas de día sólo has trabajado realmente 40 minutos troceados entre reuniones y soplapolleces, muy modernas y coloreadas con posit de color rosa y amarillo fluorescente.
«Estímanos cuánto tardas, ¡sin compromiso, eh! ¿qué le ponemos 4 puntos, 5 puntos?»  Te dice sonriente el Scrum Masterfucker. Y piensas: yo qué cojones sé qué estimarte ya, hijo de belcebú, si te digo tres horas y me vas a meter 4 reuniones… ¡lo que voy a tardar es una puta semana en hacer una mierda de radio button! ¡maldito ser del inframundo!
Pongámonos serios.
Entiendo que hay que hacer reuniones, controlar, y organizar. Ahora resulta que no vale con: gestor de incidencias, partes de horas, reuniones semanales de control, excel donde indicas la tarea, partes de desarrollo, documentos aquí y allá en ftps perdidos donde tienes que poner si te coges vacaciones o no, o si faltas porque tienes una diarrea del tamaño del Niágara…no señores, ahora no vale con mandar trabajo y dejar que lo hagan, ahora hay que meter a un señor a dar la barrila con cientos de reuniones y ya no sólo vale con que hagas tu trabajo, tienen que meterte en reuniones donde todo dios cuenta sus avances y sus mierdas, que nada tienen que ver con las tuyas…muy ágil, sí.
Debemos recordar siempre que el mundo laboral (y sobre todo de oficina) está polarizado: currelas y jefes. Gente que construye algo y gente que mira y controla, o hace que mira y controla, ellos dicen «que gestionan«. Seamos francos, la metodología agile sólo le mola a los jefecillos y jefazos, porque les da la excusa fácil para montar y asistir a cientos de reuniones muy guays. Ya de por sí les encanta el aire de relevancia y pomposidad que da el decir «hoy tengo el día fatal Borja Mari, una meeting a las 10, la daily a las 11, a las 13 la de sprint y por la tarde reunión con el product owner, no sé si llegaré al partido de padel» . Scrum es perfecto para los jefes ineptos, porque mola entrar a un proyecto de software complejísimo, con tecnologías punteras (cloud, kubernetes, big data, machine learning, y mil mierdas tope complejas) y llegar a una sala con posit y hacer como que parece que sabes de qué va la vaina, sólo porque hay cartelitos de colores.
Y eso mola, mola mucho no tener ni puta idea de lo que los currelas hacen y hacer como que sí, porque tienes una pizarrita organizada por un menda que te está sangrando por mover posit de un lado a otro.
¿Y a quién le molesta?
Está claro: al desarrollador, al que pone los ladrillos y monta las vigas, el que realmente sabe lo complejo que es el trabajo, el que sabe que detrás de cada posit, de cada estimación, de cada pequeño movimiento en su mágico tablero hay un dolor de pelotas enorme, como si te las hubieras pillado con la puerta blindada de la cámara de seguridad del banco de españa. No sólo ya nos vienen controlando, exigiendo partes, incidencias, control de versiones, documentación, varios miles de excel con reportes de lo que haces…ahora no vale sólo ésto, ahora te meten al máquina de las reuniones diarias y los posit. Ahora tu tiempo para hacer ese complejo trabajo se ve reducido, se ve troceado, sin tiempo de seguido para poder desarrollar y pensar tranquilamente.
Pero seré bueno, puedo entender que una metodología ágil tenga sentido en un determinado entorno: un proyecto de muchas personas que trabajan en lo mismo (no cuatro gatos desperdigados en diversos proyectos) y para un proyecto que empieza desde 0. Que tiene entregas, que crece, que hay que monitorizar exponencialmente. Lo puedo hasta entender, pero meter un scrum o kanban a un modelo de trabajo de incidencias, mejoras, desarrollos evolutivos es una jodida aberración que no tiene por dónde cogerla, que no aporta nada, que no mejora nada, no agiliza y sobre todo molesta a los que realmente hacen la casa: los trabajadores.

Leave a Comment

Your email address will not be published.

*