Pasado, presente y futuro.

Éramos pocos los que allá por Enero y Febrero de este año ya nos empezábamos a preocupar, y tomar en cuenta esas extrañas noticias sobre un virus que venía de China. La cosa no se tomaba muy en serio, y se puede llegar a entender siendo justos: gripe porcina, gripe aviar, Sars y tantas enfermedades y amenazas como anuncian los medios (aún estoy esperando los misiles de NortCorea). Mucha gente, gracias a esta terrible desinformación masiva que vierten estos entes, acaba directamente por no creerse nada. Y este es un problema estructural del mundo de la información, la cual es tan manida que cuando hace falta rigor no lo pueden conseguir ni esforzándose al máximo. Es un problema que te informes y ya no sepas si es verdad o mentira, si hay que tomárselo en serio o es una exageración sensacionalista. Y cuando sucede esto, la desinformación y falta de fiabilidad aparecen por doquier.

Personalmente mi alarma interior saltó cuando cancelaron el Mobile World Congress de Barcelona. Ojo”, pensé, que una cosa son noticias y otra cerrar un evento que mueve dinero. Y sabemos todos que al poderoso caballero don dinero no se le toca, y no se le molesta en nuestro sistema, él tiene que fluir a toda costa. Y este fue para mí el punto de partida, cuando empecé a tomar en serio el virus. El capital tenía miedo y estaba tomando medidas que le afectaban. Si el mundo financiero teme por su capital, entonces debemos temer todos, entonces debemos estar alerta. Algo serio pasa.

El siguiente suceso fueron los primeros casos y muertes en Italia. Ahora sí, los medios más generalistas pusieron en portada y primera página al virus. Y una vez más informando sin rigor y erróneamente. “Es una gripe”, “mata menos que la gripe”, “es un resfriado”, “en España no pasará nada, tenemos la mejor sanidad del mundo”, “es poco probable que llegue aquí”…

Los medios, las tertulias, los especialistas… sin tener la más remota idea ni haber investigado seriamente, arrojaban estos mensajes a la ciudadanía.Si hay que empezar a buscar culpables, los primeros son los medios, son los programas como el de Ana Rosa o Susana, cuyos máximos expertos y tertulianos son toreros, famosetes de medio pelo y gente del mundo nocturno y la farándula. Vamos, unos indocumentados del tamaño de Júpiter. Ineptos con espacio público de varias horas para decir sandeces sin sentido.

Pero volvamos al hilo, al inicio. 

Cuando el virus empezaba a arrasar Italia, no hacía falta otra cosa más que sentido común para ver la ostia que venía hacia España. Sin embargo, las autoridades políticas y gubernamentales hicieron lo que venían haciendo los medios: desinformar y confundir, sin rigor ni fundamentos. Si hay que buscar el siguiente culpable son ellos: “En españa sólo habrá un caso o dos”, “las mascarillas no son necesarias”, “con el calor el virus se muere”, “hay gripes peores”. A mí personalmente se me caería la cara de vergüenza. No valen excusas tipo: “no queremos alarmar”. Es una sinvergonzada sin límites. Que una cosa es que un tertuliano que no tiene ni la ESO diga gilipolleces, y otra es arrojarla a discreción desde medios institucionales.

Podemos enumerar una gran lista de errores y malas decisiones (que oye, una mala decisión la tiene cualquiera, ¿pero tantas?, ¿¡pero todas!?). No cerraron aeropuertos, no hicieron caso de informes que auguraban lo que venía (desde enero), por no alarmar expusieron a la sociedad, no se reforzó la sanidad, no se habló claro, no se invirtió en prevención, se ignoró a científicos y médicos, se retrasó el cierre del país por motivos políticos, se aseguró contar con un equipo de expertos que resultó ser “nadie”, se mintió y ocultó todo. Se obró mal. Gobierno, ministerio, instituciones, no estuvieron a la altura y sus fallos y falta de decisiones sin duda costaron vidas.

Comenzaba la pandemia y nos pillaba en bragas.

Estalla la pandemia y el estado de alarma.

Cuando parecía que no iba a ser una gripe, ni un caso o dos aislados, y tras celebrarse los eventos que querían, entonces sí, se decide cerrar el país. Tarde y mal.

Aquí es cuando nos damos cuenta de que no tenemos la mejor sanidad del mundo. Tenemos muy buenos sanitarios, pero el sistema y sus recursos están capados y menguados. Aquí es cuando muchos nos acordamos de los recortes (entre otros a Sanidad) tan necesarios para salvar a la banca y que Europa nos prestara dinero en la anterior crisis de esta noria llamada economía de mercado (me gustaba más lo de capitalismo, pero queda rococó). Aquí es también cuando salimos a aplaudir como nos mandan los medios (luego muchos pasaron directamente a  aplaudir en bares y sin mascarillas) confirmando que la idiotez viajó desde los balcones a los antros.  

Descalabro total. Residencias de mayores: un drama. Comienza el politiqueo: “tú más, tú lo haces mejor, tú lo haces peor, esto tu culpa, esto otro lo hago porque lo hiciste tú, o lo dejé de hacer yo, qué más da, yo qué sé ya, vamos a casita que sigo cobrando mi dieta y cuando esto acabe tengo mi pensión vitalicia”. Y así todo. Comienzan a primar intereses económicos y políticos antes que los sanitarios. Dinero y votos a cambio de vidas.

A base de precaución, confinamiento y el sobreesfuerzo de los sanitarios la cosa comienza a controlarse. Mientras sigue muriendo gente, famosetes aprovechan para intentar sacar tajada, canciones, conciertos en balcones, retos virales y más gilipolleces por el estilo. Hay que seguir la espiral de estupidez, no podemos permitir detenernos y que nos dé por leer o pensar. Ofertas en webs de apuestas para que te entretengas gastando lo poco que tienes. Las noticias se convierten en Instagram y videos de tiktok, solo reportando vídeos virales y de falso moralismo,  y ya se ven los primeros idiotas que pasan del estado de alarma y salen a correr y a hacer deporte, sin mascarilla y saltándose cualquier medida. 

Comienzan los Ertes y demás. Comienza el descontrol. Las instituciones gubernamentales no sólo no han sabido aplacar a tiempo la amenaza, sino que en pleno estallido prometen sin saber si podrán cumplir. Cómo no, esperan el rescate de Europa, y todos sabemos que Europa no da dinero ni ayuda gratis. Preparaos pensionistas, parados y gente de pocos recursos, las ayudas y lo público estará en entredicho por el bien de todos y por salvar a España porque “no hay otro camino”. Ni los de antes, ni los de ahora nos van a salvar. Los lobos son siempre lobos.

Por otro lado, al final de este estado de alarma, ya los primeros idiotas comienzan a acusar el no poder salir a gastar, hacerse selfies y posturear en restaurantes cool. Las azoteas para fardar de solidaridad pueril y vacía se empiezan a quedar pequeñas. Necesitan moverse, ya les da un poco más igual el virus porque “¡oye!, los medios dicen que mata solo a personas mayores y con patologías”. Se acerca el verano y se teme perder la temporada turística. Empieza el runrún, hay que ir abriendo ya.

Estos primeros illuminati piensan “ya está bien, creo que no es para tanto y se están pasando con estas medidas”. Que han muerto miles… no es para tanto. Que han tenido que habilitar Ifema para tratar y socorrer a la desbordada sanidad… no es para tanto. Que el palacio de hielo se estaba usando de morgue… no es para tanto. Que la amenaza sigue ahí y no se han tomado medidas preventivas antes de abrir… no es para tanto. Total, yo no soy grupo de riesgo y si me pilla será como un resfriado o asintomático, y bueno, si yo estoy bien todo guay, da igual si contagio al resto ya que sé que yo estaré bien. Quedando claro que no solo el virus, sino también el individualismo es peligroso.

Comienza la desescalada. Se avecina la idiotez. Se avecina nuestro fracaso como sociedad y nación.

Desescalada

Aparece gente en barrios adinerados protestando: “Esto hay que acelerarlo, ya estamos bien, esto es una dictadura, queremos libertad” (pasando el traductor de Google viene a ser: “tengo un pastizal en el banco y no puedo salir a gastar, no puedo ir a la casa de Marbella y no me estáis dejando fardar con las titis de mi deportivo, ni tampoco salir a alta mar con mi catamarán, que ya viene el buen tiempo ¡leñe!… y me suda la poya el virus y si lo pasa mal mucha gente”) . Aparecen a la par personalidades políticas y empresariales afirmando: “las fases van lentas, abramos antes, si total ya está controlado, tenemos que pensar en la economía, en esas pobres multinacionales que están dejando de ganar miles de millones”.

Cuando a uno le da por leer, documentarse y curiosear (en vez de ver instagram y tiktok) descubre que a lo largo de la historia ha habido muchas pandemias, y ninguna se solucionó en dos meses. “Esto ya está controlado” “todo saldrá bien” queda muy bonito en las noticias y los balcones, pero es mentira. Tenemos virus para rato, y las vacunas no siempre salen a la primera, y aun así los virus fluctúan y mutan, van y vienen, y ninguna vacuna es 100% eficaz y menos creándola en estas condiciones. Realmente nos esperan años hasta volver al mundo que conocíamos en 2019. Cualquiera que os diga lo contrario, os miente.

Ni está controlado ni está saliendo bien como nos decían carteles y diferentes entes públicos. El gobierno peca, erra tanto en la prevención en la primera ola, como en el control y desescalada (ya sea por errores propios o por presiones político-económicas). Pero la oposición, y parte de la ciudadanía ve necesario volver a la normalidad lo antes posible. Por el bien de la economía, por intentar salvar el verano. 

Aquí podemos culpar también de la falta de responsabilidad, a otros partidos que han presionado y movido ficha para desescalar rápido y mal, saltarse fases, ignorar lo que había pasado… en resumen: forzar a la precipitación. 

Podemos culpar también a los poderes fácticos que gobiernan realmente el país, esas élites económicas, empresas multinacionales, bolsa y gente con influencia económica, necesitaban mover el mecanismo, necesitaban mantener sus márgenes de beneficios. Toda la bancada opositora y neoliberal ha cometido el mismo error que el gobierno, pensar más en votos y economía que en resultados sanitarios. Tanto unos, como otros, no velan por el bienestar del ciudadano, velan por sus cuentas bancarias, la de sus socios y por la opción de sacar tajada en este caos en forma de votos. 

A esta gente adinerada no es que le faltase un plato en la mesa, no, es que no quería dejar de ganar sus multimillonarios beneficios. Y quiero hacer un pequeño inciso aquí.

Una empresa, como El Corte Inglés, Repsol, o cualquier otra empresa (o autónomo) que lleva décadas generando beneficios y dinero (no solo para cubrir gastos, sino que tiene beneficios, dinero de más, miles de millones) y ¿vienen dos meses de confinamiento y ya están pidiendo dinero al Estado?.
Una de dos: o mienten, o en las elites empresariales de España tenemos los peores gestores del mundo. Yo mismo he estado algún mes en paro y he sobrevivido, y todos podemos tener un mes o dos malos, ganar menos, pero usar todo esto para seguir con el circo de avaricia y beneficios a toda costa, a costa (valga la redundancia) de exponer vidas humanas, me parece especialmente deleznable.

Y creo que desde el gobierno, oposición y medios se equivocan en vendernos esa dicotomía de “salud” o “economía”. Si controlas al virus, minimizará su impacto y la economía se resentirá menos. Por ejemplo: China.

Al final de la desescalada andábamos por cifras muy buenas, es innegable, en toda España apenas superábamos los 100-200 contagios diarios. Pero yo soy de la opinión que todas estas decisiones políticas tienen que estar de la mano con el consenso científico (independientes). Y en ningún momento se hizo así, ni al inicio, ni en la desescalada, ni en verano, ni tan siquiera ahora. Siempre han primado el conflicto político y el interés económico. La ciencia y la sanidad en segundo o tercer lugar. Los resultados a la vista los tenemos todos.

El efecto de esta desescalada tan precipitada no fue inmediato, claro. Se desescaló rápido, mal, y sin mirar al futuro. Gobierno, oposición, poderes fácticos y demás, solo pensaban en una cosa: turistas. Money money money que diría Liza Minnelli. The show must go on que diría Alfredo Mercurio.

Verano, sol, playa ….¿Prevención?

Me sigue reventando por dentro ser el país de los camareros de la Merkel. Y aquí me sale mi orgullo patrio, y no me hace falta enarbolar la bandera y llevarme la mano al pecho. Me repatea ser un país de feria, de copas y de fiesta. Donde media Europa viene aquí a emborracharse y a hacer lo que les da la gana, y nosotros como nación agachamos la cabeza y cogemos su dinero. Nos falta decirles: “gracias señorito, Milana bonita, Milana buena”.

España es muy grande y muy rica, pero se vende al turismo. Su modelo económico se basa en el turismo. Esto siempre ha sido un error, pero con esta crisis ha quedado aún más claro que esto es un problema. Si queréis buscar otro culpable ahí lo tenéis: años y años de democracia abriendo el país desde el franquismo al exterior para esto. Lo único que han conseguido es que seamos la barra de bar de Europa. Sin industria, sin investigación, ni desarrollo. Solo bares, copas y ladrillo.

Sea como fuere, y tras errores por todas partes, llega el verano. ¿Qué haría un país inteligente?: Control en aeropuertos, PCRs en aeropuertos y estaciones de trenes y autobuses, empezar a prepararse por si esto repunta, contratar más sanitarios, replantear el sistema sanitario, ver qué se hizo mal,  análisis de la situación,  reforzar estructuras de control, recuperar organismos de emergencia y control de plagas y amenazas para el país… . El problema es que no somos ese país amigos. No se hizo absolutamente nada.

Y aquí viene otro culpable: nosotros, la sociedad. Hemos fracasado en nuestra única labor: ponte la puta mascarilla.

Llegó el verano con las reuniones familiares, bodas, comuniones, barbacoas, discotecas, playa, chiringuitos, y todo ello por supuesto, sin mascarilla, porque “todo ha salido bien” cómo decían los balcones más coloridos. ¡Alegría! que hemos vencido al virus porque somos la reostia viva. Los runners correteando sin mascarilla, fumadores en cada acera, los de los perritos de cháchara y risas sin protección, el tonto del barrio que lleva la mascarilla por debajo de la nariz porque le agobia, y así uno tras otro, miles en cada barrio y pueblo. Se mascaba la tragedia nuevamente.

Lo cierto es que a finales de agosto ningún político o institución se planteaba remotamente la posibilidad de una segunda ola, cuando los indicadores decían lo contrario. Ni tan siquiera se habían sentado a planificar la vuelta al colegio. Otro despropósito del gobierno. La primera vez alguno lo podrá excusar, porque era algo nuevo. Pero en esta segunda ola cada error es imperdonable, y es imperdonable porque cuesta vidas.

Comienzan las luchas autonómicas: “yo estoy mejor, tú peor, yo mejor que tú pero peor que el otro”. Media España descubre que vive en una Comunidad Autónoma y que España es un conjunto de estas.

A principios de septiembre se puede afirmar ya con rotundidad: la sociedad española ha fracasado; sólo tenía que quedarse en casa y ponerse la mascarilla, y no han hecho ninguna de las dos cosas.

Aunque el turismo bajó, se ganó algo de dinero. Por contra las consecuencias iban a ser desastrosas.

En el verano nos olvidamos del problema, como si el buen tiempo lo borrase todo. Se vuelven a cometer errores desde el gobierno, y esta vez también desde las comunidades. Falta de prevención, de medios y de planificación. Y ya no hay excusa,  ya saben lo que hay y lo que viene.

Resumen del verano: en agosto se estaba mejor en la playa, que en el congreso de los diputados velando por los españoles. ¿Queréis más culpables?: ahí los tenéis a todos, 350 diputados, uno a uno.

Segunda ola.

Hay gente (me incluyo) que ha evitado espacios cerrados, ha reducido su contacto (incluso con familiares) y ha intentado tener cuidado, usar siempre la mascarilla adecuadamente, ser prevenida, esquivar al virus lo máximo posible. Otros no.

La sociedad en esta segunda ola se divide entre estos dos modelos de gente. Hay gente que sigue preocupada, concienciada y otros que parece ya darles igual todo. 

La segunda ola se empieza a gestar en verano, las grandes ciudades como Madrid se quedan vacías, sus habitantes salen, van a playas, pueblos y demás. Expanden el virus sí, pero también se lo traen de vuelta. En cuanto empezó septiembre y la gente ya estaba en Madrid asentada (más la apertura de colegios) los contagios se dispararon. Madrid, Navarra, Barcelona… Tampoco había que ser un genio, la segunda ola se cocinaba y olía desde Moscú.

Nos volvemos a llevar las manos a la cabeza y preguntar qué se ha hecho mal. Pues bien: todo. No se ha tomado ninguna medida y las que se están tomando en medio de esta segunda ola nacen de un toma y daca político entre gobierno y autonomías, donde vuelve a primar el politiqueo, la economía y no la salud.

Como ejemplo pondré los límites de incidencia. Me descojono cuando hablan del milagro chino, o el misterio de Alemania y su control. Vamos a ver, estos países establecen por protocolo que con una incidencia de más de 5 hay que tomar medidas y si hace falta cerrar todo. En Madrid y otras localidades el tope establecido por los brillantes políticos ha sido de ¡¡500!!, cien putas veces más. Y aún así, hemos y estamos (en algunos sitios) por encima de 500 y las medidas han sido de risa: cerrar parques y quitar un poco de aforo aquí y allá. De coña, encima parques, que es donde menos riesgo de contagio existe. Y para más inri, parte del mundo político justificando y diciendo que no es para tanto, que no hay que exagerar. Es que es un claro ejemplo de que todo, absolutamente todo, lo están haciendo mal. De que a todos los niveles nos gobierna gente muy muy mediocre y totalmente incompetente.

Las empresas en vez de insistir o permanecer en situación de teletrabajo empiezan a incorporar a la gente. Totalmente a la contra de los datos de esta segunda ola. Otra falta de sentido común, esta vez por parte del mundo empresarial. Los transportes públicos abarrotados no ayudan. Las aulas sin medidas, sin filtros Hepa, sin control de dióxido de carbono o ventilación especial. Tres cuartos de lo mismo en los trabajos. ¿Queréis más culpables?, aquí los tenéis, son los mismos.

Finalmente llega el estado de alarma nuevamente a Madrid. A algunos les parece bien, a otros mal y a otros poco. Un estado de alarma que descoloca, que tiene a todos con dudas, que no se sabe bien qué pasa. Una vez más descontrol, desinformación y politiqueo de: tú más. Puedo ir aquí, pero aquí no. O sí. O no sé. Un estado de alarma que no tiene sentido mientras no se cierren transportes públicos, aulas y se restrinja la movilidad. Porque los contagiados vamos a seguir aquí en Madrid. Sí, no saldremos y expandiremos la pandemia fuera de la ciudad, pero nos lo vamos a quedar bien calentito en casa en un círculo vicioso hasta que caigamos todos.

Que esa es otra. Me hace gracia cuando algún político habla de “inmunidad de rebaño”. ¡Inmunidad de rebaño mis cojones, oiga!. Me está diciendo que prefiere que nos sigamos infectando, poco a poco, y así se ahorre usted en prevención, y en medidas, básicamente en hacer su trabajo. Y a cambio que me inmunice porque sí, que sí, se puede lograr, pero también te puede matar. Es decir, una bonita ruleta de colorines (que a ellos les gusta mucho eso de las casas de apuestas). Salen con sus cojones toreros y dicen lo de inmunidad de rebaño, sabiendo que esta opción contempla coste de vidas, pero claro, les ahorra dinero y hacer su trabajo. ¡Tócate los santos cojones!. No entiendo por qué aún no está todo en llamas, no estamos todos en la calle protestando y pidiendo dimisiones a diestro y siniestro sin importar tendencia política. Es de cárcel lo de esta gente.

Y perdón por el lenguaje, que puede ser soez (más de lo habitual por aquí), pero más grotesco es lo que están haciendo.

Sigo viendo runners correr sin mascarilla, gente con la mascarilla mal puesta, grupos de gente jugando a deportes sin protección, en fin, muchas irresponsabilidades. ¿No hemos aprendido nada? Pues yo creo que no. Como decía House: “Casi morir no cambia nada, morir lo cambia todo”. Y como todos nos hemos quedado en el casi, pues aquí no ha pasado nada.

¿Y mañana qué?

El descontrol ya es evidente. La segunda ola llegó a España con más fuerza que en ningún sitio, y con medidas y consenso para luchar contra ellas, también menos que en ningún sitio. Restricciones de coña, y más cuando se está demostrando científicamente que el mayor riesgo de contagio son los aerosoles. Es decir, respirar y exhalar gotículas que se quedan en el aire varias horas (imaginaos al tonto del runner sin mascarilla exhalando a todo meter, y una estela similar a la del humo de un tren, dejando una peligrosa marca de vapor invisible de coronavirus, si es que lo tuviera…). Estar en un espacio cerrado es un peligro evidente (incluso con mascarillas que no protegen al 100%), aún así, bares, discotecas, centros comerciales, transportes públicos, trabajos, colegios… siguen abiertos. Súmale todos los que incumplen lo de llevar siempre la mascarilla por el absurdo e inexplicable motivo que sea.

Siempre lo hemos comentado en mi casa, han fallado instituciones a todos los niveles, sí, y en todos los lados y formas, pero también ha faltado miedo y respeto de la gente a este virus. Al Covid19 le han faltado pústulas, llagas, que sangrasen los ojos o la punta del nabo. Algo más palpable y que asustase más. Ha faltado respeto a un virus que tiene en jaque al mundo entero. No es una simple gripe (que aún así mata a más de 10000 personas al año) y no es algo para tomárselo a la ligera. Tanto «no querer alarmar» y lo que han conseguido es que no se tenga en cuenta la gravedad del asunto:

1,1 Millones de fallecidos en todo el mundo

La cosa es que a base de que cada día nos mentalicemos más, y algunas medidas hagan efecto (y también dejando de hacer PCRs) se conseguirá maquillar todo. No dudo que bajen los contagios reales el mes que viene, la gente a base de fuerza bruta se controlará un poco. No dudo que las cifras que se den sean aún mejores (con otra capa de maquillaje Estee Lauder).

Para noviembre estaremos felices, “todo vuelve a controlarse”, “los contagios bajan” y “sólo falta un mes para la vacuna”. Para culminar la necedad, sólo faltará algún aplauso o cartel en un balcón.

Pasarán nuevamente dos cosas: la primera es que los irresponsables y muchos otros bajarán los brazos nuevamente. Ya sea por idiotez, ignorancia o cansancio de la situación. Bajaremos nuevamente la guardia. Y segundo, bajaremos la guardia aún más, cuando en diciembre nos vendan nuevamente que ya está todo controlado, es seguro y no pasa nada. Se avecina la campaña navideña, hay que consumir, gastar, salir a cenar y mover la maquinaria de la economía de mercado. Hay que seguir con el Show.

También hay un factor importante: en noviembre hará frío de pelotas, y la gente se quedará más en casa. Magia, una de las mayores recomendaciones la tendremos que acatar casi porque sí, y eso ayudará también a bajar cifras.

Llegará el puente de diciembre, y las navidades. Épocas de gran movimiento, viajes al pueblo, y retornos de gente que procede de otras comunidades. Verano 2.0 en plenas fiestas.

Comerciantes y empresas pidiendo más aforo, ayudas, menos restricciones porque “ya hemos superado el bache” y hay que ganar algo de pasta, lo que sea y a costa de lo que sea. Nuevamente, como en un bucle, aparecerán dos corrientes: la de “deberíamos ser cautos, no bajar la guardia y aflojar tan rápido sin preparar un plan B” y la de “abramos todo porque la economía tal y tal, yo quiero ir al pueblo, y a mi terracita, y tomar una caña con mis colegas ¡otiah ya!

Y para finales de enero o febrero estaremos hablando de “tercera ola” y “la vacuna se retrasa porque Rita la Cantaora nos contaba milongas en verso”. Nuevamente manos a la cabeza y preguntarnos qué hemos hecho mal y por qué nuevamente somos el peor país en el mundo en controlar esta mierda. Y por qué tenemos más olas que Mundaka.

La desgracia es que entre vaivenes, la gente seguirá enfermando, sufriendo, y algunos muriendo. Si nuestros dirigentes (gobierno, oposición, poderes fácticos, medios…) no han obrado bien al principio, ni en la segunda ola, no espereis que lo vayan a hacer más adelante, ni hasta el final de la pandemia, el cual como digo, creo que queda bastante lejos, por mucho que nos vendan la moto.

¿Qué nos queda? O mentalizarnos o sufrir. Yo personalmente abogo por un cierre fuerte, y dejarnos de medias tintas y parches. Lo más importante es la salud, las personas y nuestros compatriotas (a ver dónde están los españolistas y defensores de la bandera, porque España no sólo es una bandera ni una barra de bar, es su gente y su bienestar).

Habría que avisar a la población, de que hiciera acopio de bienes y cerrar todo, absolutamente todo durante 15 días. Y todo es todo.

En esos 15 días controlar los casos residuales que vayan saliendo en ese periodo (y rastrear como si no hubiera un mañana), los enfermos que lleguen a las urgencias derivarlos de inmediato con test rápidos, y cerrar el cerco sobre los asintomáticos con test masivos. 15 días de esfuerzo brutal con un único objetivo: control de la pandemia.

En esos 15 días, mientras médicos y servicios sanitarios se van a partir las pelotas currando, los gobernantes que pongan en mute a los poderes fácticos, y se centren en salvar vidas. Hay que hacer campaña para que la población siga estrictamente las normas (nada de pollas de no me pongo la mascarilla porque me agobia o soy joven y voy sin mascarilla porque soy inmortal), hay que dotar los espacios cerrados de ventilación, filtros Hepa (obligatorios por ley), y hay que diseñar un plan agresivo para que a la mínima que repunte volver a controlar todo. Es decir: mentalizar y prevenir.

Gastar en esto ahora, es ahorrar en un futuro. Ahorrar costes, vidas humanas y descontrol del virus y la economía.

 

Por supuesto, en esta elucubracion alocada que arrojo, habría que pedir a los medios que dejen de joder la marrana, dejen debates tendenciosos y dejen de verter mierda durante 15 días. Si hace falta se suspenden noticiarios y tertulias, que pongan películas de Esteso y Pajares 24 horas que tienen más sentido común y mienten menos.

Diréis: 15 días todo cerrado, menudo descalabro económico, eres un desgraciado, antisistema, perroflauta, etarra, separatista, okupa. Oiga usted, mejor 15 días parados, que no estar meses y meses al “trantán”, a medio gas, todos con pérdidas, paro en aumento, políticos discutiendo, medios montando el show y el virus descontrolado.

Opción A: 15 días duros, pero serios y eficaces. Opción B: seguir con el mamoneo hasta que esto se solucione por arte de magia. ¿Con qué te quedas?

Prefiero arreglar todo en 15 días (aunque me cueste más y sean 15 días parado), a verme en marzo aún metido en medio de un mar de terceras y cuartas olas. Prefiero esos 15 días a más politiqueo «del tú más y tú eres peor«, prefiero eso a infinidad de noticias y programas tendenciosos en busca de manipulación fácil, prefiero eso a ir arrastrando caídas en la economía y dejando secuelas sanitarias a media España.

Hay que atajar seriamente el problema y ese es uno de los principales problemas del país, que no hay seriedad. Y esto es algo muy muy serio. Mola más irse de vacaciones, al bar con los colegas, y hacer que no pasa nada y jugar al “todo se calmará solo” o “que os jodan y os hagáis inmunes como un rebaño de borreguitos”, y creo que este no va a ser el caso. Por mucha discusión política, por muchos medios mintiendo y manipulando, por muchos datos tergiversados de unos y otros, el virus no se va a parar solo.

Como única recomendación (sé que lo que propongo es imposible, simplemente por el mundo y calidad política que tenemos, por las fuerzas dominantes que ejercen tras los políticos y porque los medios nos controlan y filtran nuestra opinión) creo que lo que deberíamos hacer es velar por cada uno. Es decir, ser nuestro propio gobierno y autoridades.

Que se abren bares y comercios, muy bien, pero yo no voy. Que se fomenta la vuelta a espacios cerrados como teatros y cines, yo no voy. Si dicen que la mascarilla te la puedes quitar, yo no lo voy hacer. Que ya puedes ir a cenas de navidad y al pueblo, yo no. Mirar por uno mismo, y si todos lo hiciésemos, por muy malas medidas que tomen, la cosa cambiaría si cuidamos primero nuestra salud y la de nuestras familias.

Amigos, intentemos no fracasar nuevamente como país, como sociedad: pongámonos la mascarilla, evitemos espacios cerrados (incluso con familias) y quedémonos lo máximo posible en casa.

Porque visto lo visto, nadie, absolutamente nadie va a velar por tu salud, nadie, salvo tú mismo.

 

 

Pedro Sánchez, el político más peligroso para España - El Diestro

 

 

Os dejo aqui mi primer libro. Recomendado sobre todo si trabajas en oficina: JUEGO DE TRONAOS

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