Nunca mandes lobos a cuidar ovejas

Para comprender todo en este mundo político, social y económico que tenemos hay que entender algunas cosas. Una de ellas es que gran parte de la base de todo el sistema recae sobre los ciudadanos. Las arcas de un país se llenan en gran medida gracias a las aportaciones de éstos.

Imaginemos una hucha gigante.

Cada nómina de cada empleado retiene un % de su sueldo que va a parar a esta hucha. Imaginad millones de empleados al mes, millones de nóminas metiendo pasta en esta hucha. La hucha comienza a llenarse mes a mes.

Imaginad a todo el país consumiendo todos los días, cualquier producto. Con cada producto paga un % de iva. Ese porcentaje va a la hucha. La hucha crece día a día.

Millones de personas juegan a la lotería y les toca. Parte de esos premios, caen en esa hucha (al estado le toca todos los días  la bonoloto, once, primitiva, euromillones, lotería nacional, quiniela….). La hucha se va llenando, aún más.

Imaginad millones de personas renovando sus documentos, pagando sus impuestos de circulación, los que tienen piso: de vivienda y basuras, millones de personas haciendo trámites, pagando tasas y cuotas en trámites burocráticos estatales y autonómicos. La hucha se sigue llenando.

Multas, devoluciones a Hacienda, fallecidos y sus herencias, y un sin fin de pequeños flecos que llenan esta hucha. La hucha está a rebosar.

Tomaos un segundo, intentad calcular mentalmente cuánto puede llenarse esa hucha sólo con los % de IRPF de las nóminas, los % de IVA y la recaudación por premios en loterías. Y esto todos los días, todos los meses.

Pasemos al sentido figurado esta historia…

 

Las ovejitas llenan continuamente con su dinero esta bolsa. No es malo, ya que algunas ovejitas visionarias pensaron: oye, todos llenamos la bolsa y ese dinero será por y para todos: lo invertiremos en una sanidad que nos cubra y sea muy buena, que no le falte a nadie. Crearemos colegios, profesores y un sistema educativo con garantías y para todos. Ayudaremos a los más desfavorecidos y con dificultades. Iniciaremos proyectos para mejorar todo el país. Garantizaremos viviendas, alimentos, luz, agua y dignidad humana. Todos aportamos y nadie se queda atrás, hay dinero de sobra para que no quede ni una ovejita desamparada.

¿Pero quién maneja esa hucha? ¿Quién será el encargado de redistribuir esa riqueza que sale de todos de vuelta hacia todos y lo haga de manera ecuánime y justa?. Entonces apareció el Lobo. El olor del dinero ovejuno era intenso y fresco.

Aparecen muchos lobos, unos tienen bancos, otros multinacionales, otros títulos nobiliarios, otros una herencia, otros son lobos reyes, otros son de camadas de alto nivel social y buenas e influyentes camadas, lobos extranjeros con gran capital e “innovadoras” ideas, lobos economistas…todos ellos son lobos vips.

Pero aparecen unos lobos dentro de esos vips que dicen: “Votadme y yo administraré vuestro dinero. ¿Quién mejor que un astuto e inteligente lobo para administrar el dinero?, vosotros sólo sois borreguitos que no daríais pie con bola y no tenéis ni idea de economía ni de nada”. Otros lobos (y algunas ovejas) hicieron unas leyes y constitución para este reparto equitativo e igualitario, y el lobo juró hacerlo conforme a la ley (aunque el lobo puede modificar la ley cuando quiera, saltársela o poner lobos jueces amigos para facilitar todo). “Administraré vuestro dinero y todo funcionará tal y como se pensó, haré ésto y lo otro, os garantizo que os irá genial a todos” dice el lobo que se presenta a presidente.

Algunas ovejas desconfían, otras dicen “qué lobo más guapo”, a otras les da igual, no son conscientes de cómo se llena esa hucha (prefieren ver programas donde meten a varias ovejas de dudoso coeficiente en una casa y las filman 24 horas). Desconocen que el lobo es su mayor enemigo en el mundo animal y que sólo sueña con devorarlas (y quedarse su dinero). Tras mucho esfuerzo del lobo por embobar a las ovejitas, y un gasto de dinero en campaña y publicidad, esas ovejitas le votan, le eligen y legitiman para que haga lo que quiera con la hucha. “Confiamos en ti lobito bonito, nosotros sólo somos ovejas sin cerebro”.

El lobo mete la mano en la hucha y empieza a repartir e invertir el dinero con otros lobos vips asegurando que es la mejor manera para que la hucha crezca, funcione todo y sean mejores. Al principio mete la patita en el saco con cautela, luego, al ver que a las ovejas les de igual mientras les den alguna migaja, ya con más descaro. El lobo también hace contactos con lobos de otros países, los cuales acaban diciendo (e imponiendo) cómo administrar esa hucha (y siempre en pos de beneficiar a otros lobos vips).

Los lobos comienzan a ganar mucho dinero en base a este expolio, empiezan a vaciar la hucha a mayor ritmo del que se llena. Las ovejitas casi sin darse cuenta empiezan a perder lo poco que tienen y conformarse con quedarse como están. De repente el lobo, en su afán de ganar dinero, sin darse cuenta vacía la hucha, pero no pasa nada, pide dinero a otros lobos europeos, lobos banqueros y lobos BCE y FMI. La hucha se vuelve a llenar, pero ahora tiene que devolver el dinero prestado más un extra en forma de comisión por el préstamo e intereses lobunos.

Muchas ovejitas tienen un problema, y el problema es que las ovejitas olvidaron que ese dinero era suyo. Otras ya no distinguen entre ovejas y lobos y dicen algo así como: “todos somos iguales ante la ley y tú también puedes emprender puto loser”.

Mientras los lobos saquean las arcas, hacen sus chanchullos y se enriquecen, se olvidaron de garantizar todo lo que se tenía que garantizar. Los lobos también se inventan maneras de ahorrar y evitar tener que meter tanto dinero en la hucha, reduciendo sus aportaciones (casualmente son los que más tienen y más deberían aportar). Las ovejitas comienzan a pasar calamidades. Tienen peores servicios, menos oportunidades y lo que se suponía que iba a ser un buen plan, se convierte en un: “toma las migajas y no te quejes”. Muchas ovejitas aún así protestan: “esto no es lo que habíamos acordado”, pero los lobos tienen pequeños lobeznos policías que muerden a las ovejitas en las patas. Algunas se callan y otras son encerradas en la parte trasera de un corral oscuro, acusadas de ovejitas terroristas.

El lobo no quiere dejar de meter la mano en la hucha, no va a permitir que cuatro putas ovejitas sindicalistas le jodan su tinglado. Así pues el lobo mueve todo el sistema para atontar con los medios a las ovejitas, aislarlas, confundirlas y a hacer que la ovejita que diga: “oye el lobo nos roba” todos piensen que es una ovejita loser y un poco loca.

Llega un día en que el mandato de Señor Lobo Presidente termina. Las ovejitas un poco perdidas piensan: “votaré a otro lobo, seguro que arregla lo que ha hecho este lobo y es mejor, todo va a cambiar”. Efectivamente las siguientes elecciones las gana otro lobo, es de otro color y tiene distinto aspecto, pero sigue siendo un lobo, así que continúa metiendo la mano en la hucha y haciendo tinglados con los mismos lobos vips. El dinero y poder sigue fluyendo entre lobos.

A pesar de que unos lobos religiosos (que reciben dinero gratis de la hucha y no contribuyen nada a llenar esa hucha) predicaban: “ovejita no mata ovejita”, los lobos para generar más dinero empiezan a fabricar armas y participar en conflictos lobunos en países pobres y lejanos. Gran parte de la maquinaria económica del país pasa a ser vender armas. Las ovejitas no lo entienden, odian las guerras y la violencia, pero tienen ya tantos problemas que les da un poco igual. Además han sacado un nuevo programa de “citas de ovejitas” y es más interesante.

La hucha se vacía mucho, los préstamos de lobos banqueros empiezan a penalizar al no poder pagarlos, muchas ovejitas se quedan sin sus más básicas prestaciones (casa, trabajo, educación, sanidad, ayudas sociales), para colmo dicen que la sanidad y educación deberían ser privadas y si la oveja quiere algo de esto que la pague de su bolsillo porque en la hucha ya no hay dinero. Las ovejitas empiezan a pasarlo realmente mal, algunas menos que otras. A algunas ovejitas individualistas les da igual que otras ovejitas anden en la mierda, a ellas aún les va bien. A otras les preocupa un poco más y comienzan a organizarse y protestar. Algunas (no muchas) están realmente enfadadas y dispuestas a no tener más lobos metiendo la zarpa en la hucha.

En vista de esto, todos los lobos (que tienen conciencia de clase lobuna) se unen, y deciden ilegalizar los rebaños de ovejas protestonas. “Divide y vencerás, como dijo Julio Lobo hace siglos”. Las ovejas son reprimidas, y los lobos vips les dicen que toda esta miseria y crisis es por su culpa, por no emprender y por vivir por encima de sus posibilidades. Algunas ovejas agachan la cabeza, otras protestan y van presas al corral de las ovejitas terroristas.

Unas ovejas se enfadan con las ovejas que no ven lo que hace el lobo (¡qué idiotas!). Otras ovejitas se enfadan con las ovejitas que protestan contra el lobo, y las llaman ovejitas perroflautas bolivarianas y que quieren destruir el país y son ellas las que van a robar todo el dinero. Otras ovejitas se enfadan con las ovejitas extranjeras que vienen a trabajar, pero no se enfadan con los lobos extranjeros que traen sus empresas y acaban metiendo la mano en la hucha. Otras ovejitas se quieren independizar y que les gobiernen otros lobos pensando que les va a ir mejor. Hay mucha tensión entre las ovejitas, crispación, enfado, confusión.

Al final las ovejitas se enfadan entre ellas, olvidan que siguen llenando la hucha con su dinero (y cada vez los lobos les piden que metan más dinero) y que son los lobos los que les están robando, no otras ovejitas. Los lobos en sus guaridas sentados en cómodos sillones y con abultadas cuentas bancarias sonríen. Les está saliendo todo a pedir de boca. Algunos lobos tope vips murmuran en el club “astuto el lobo dicen….¡no, qué va…! lo que no entiendo es cómo pueden ser tan idiotas esas ovejas. No se van a organizar jamás. Mañana les volveremos a robar y al día siguiente nos volverán a votar, si no es a ti, será a mí…el lobo siempre gana”.

Mientras los lobos tienen financiaciones ilegales, llevan su dinero a paraísos fiscales lobunos (para evitar ellos meter dinero en esa hucha), y malgastan el dinero de las ovejitas en coches, yates y otros lujos, éstas siguen perdiendo poder adquisitivo, derechos laborales, servicios, ayudas…tienen menos dinero pero se les pide más contribución a la hucha. Los lobos siguen siendo cada vez más ricos y las ovejitas cada vez más desgraciadas.

El tiempo pasa y se acercan nuevas elecciones. Algunos lobos se ponen nerviosos, algunas ovejitas tienen miedo, los lobos siguen maniobrando en las sombras, las ovejitas continúan sin saber qué hacer, a qué lobo votar esta vez para que por fin todo funcione como se pensó en un principio. Los lobos de siempre y lobos nuevos juran que esta vez sí van a gobernar bien y a hacer que todo funcione, que gobernarán para el beneficio de las ovejitas y no de lobos y lobos vips. Muchas ovejitas andan mosqueadas, son las mismas promesas de siempre, otras andan entusiasmadas (no tienen buena memoria). Otras asustadas por lo que pueda venir. Algunas cansadas de que se repita la historia y sin saber qué poder hacer. Otras sólo viven para subir fotos a su Ovejitabook e Instavejita y recibir likes.

Los lobos preparan su campaña y muchas ovejitas no saben qué hacer. ¿Qué crees que deberían hacer estas ovejitas?

PD. Os animo a cada lector a que acabe esta bonita historia cada uno. Pues cada uno de vosotros sois una ovejita que pronto podrá elegir que lobo le gobierne, y seguir disfrutando de este cuento en vuestras propias carnes. Así pues, ¿qué vas a hacer, ovejita?

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