Juego de Tronaos: Mendoza

Por fin la vida le sonreía algo. La llegada de un becario tan apasionado y eficaz le había sorprendido, Damián contaba con todo lo que tiene que contar un buen trabajador: desprecio absoluto por su tiempo libre, displicencia por su ocio y compromiso total por su trabajo. A la par, consiguió entregar el lunes pasado el adelanto de la fase dos, y fue un éxito (según José y Lorena gracias a su gran labor de LeaderShip y a pesar de las deficiencias de los programadores). Para colmo, su vida personal iba mejor que nunca. Alfredo había vuelto y aceptado sus errores como persona inferior a Mendoza, y éste por su parte le había premiado y permitido mudarse a vivir con él.

El lunes siguiente a la entrega Mendoza estaba disfrutando de su buena fortuna. De su victoria y de su capuchino. Pero el móvil, como era habitual, le estropeó aquel momento.

-¡Qué tal Mendo! – Mendoza enseguida reconoció aquella voz. Era un antiguo compañero del Máster.

-¿Cómo va todo?

-Pues justo te llamo por eso – Mendoza se temía lo peor.- La empresa en la que estaba…pues ha quebrado, ahora estoy sin empleo y me preguntaba si habría hueco en alguno de tus proyectos.

-¿Y cómo es que ha quebrado tu empresa, con alguien tan eficiente como tú en sus filas?- Mendoza lo decía de verdad, no a modo de vacile o irónico.

-Ya sabes Mendo…la gente, es muy vaga, no hay ganas de trabajar en este país….dieciocho personas me dijeron que no querían trabajar fuera de Madrid, ni aceptar horarios comunes u horas extra ¿es normal acaso eso?…este país ya no es lo que era…mano dura es lo que hace falta, mano dura.

Dímelo a mí, me han intentado montar una rebelión en mi propia empresa…pero ya sabes que con mano dura se soluciona todo.

-Sin duda, mano dura es lo que hace falta.

-Déjame que mire y te llamo en un rato, quizás te encuentre algún hueco en mi proyecto estrella.

-Grancias Mendo.

Mendoza sólo tenía que mover un dedo para ayudar a su amigo. De momento debía sopesar qué favor le podría pedir a cambio. A media mañana ya se le había olvidado un poco, tenía una reunión bastante importante con Ben y José.

-Señores…hemos entregado con éxito la fase dos, y en un tiempo récord, gracias sin duda a vuestros esfuerzos y capacidad de lidiar con la vagancia e incompetencia de los programadores.

-Así es Don Mendoza, la implantación ha sido un éxito, y el cliente vuelve a estar encantado con nosotros – Comentaba José con orgullo. Efectivamente, la nueva fase del proyecto estaba ya en funcionamiento y el cliente muy complacido por adelantar tanto la entrega.

-Tenemos que ver cómo gestionar ahora la siguiente entrega….con el verano de por medio – Indicó Ben.

-Ya os dije que deberíamos prohibir que tomase nadie vacaciones y tú ..querido Ben – Dijo con sorna Mendoza – te empeñaste en ser compasivo y darles mínimo diez días.

-Quizás me equivoqué en mis estimaciones.

-A la vista salta, sin duda…pero bueno, tenemos refuerzos, jóvenes, baratos y funcionales. ¿Cómo los ves, José? – Preguntó Mendoza sorbiendo sonoramente su capuchino.

-Damián se ha adaptado perfectamente y Laura…bueno, va un paso por detrás, pero también rinde bien de momento.- Esto traducido a lenguaje humano, indicaba que Damián sabía dominar el Excel y trilear bien, mientras que Laura programaba todo y en sus espaldas recaía el peso del desarrollo técnico.

¿Están listos para caminar en solitario? – Preguntó Mendoza.

¿Se refiere a si…?

-Me refiero, sí. – Terminó la frase Mendoza.

-¿No es precipitado, Mendoza?- Puntualizó Ben.

-No. Es hora de que esos tres programadores salgan de esta empresa. Si Damián y Laura ya están a “full”, los demás sobran. Su hora ha llegado.

-Marcelo y Dani. – Dijo Ben.

-Y Tomás.- Añadió Mendoza.

-Sabes que no podemos despedir a Tomás.- Ben parecía ahora enfadado.

-Quizás…Don Mendoza, que se quede Tomás es bueno, así puede seguir tutelando a los jóvenes becarios. – José se sumó a Ben.

-¡Por Dios!…me quito al cagón de Fer y os tengo a vosotros dos para darme la murga – No puedo hacer lo que me salga de las pelotas nunca, pensó Mendoza.

-Es así, Tomás tiene que seguir. – Sentenció Ben.

-Está bien, está bien….pero quiero que esta semana, el viernes os encargueis de despedir personalmente a esos dos vagos.

-Sabes que yo no me dedico a eso. – Dijo Ben planchándose su corbata con indiferencia.

-¿No se podrían encargar las chicas de RRHH o algún jefe de recursos? – José tampoco quería pringarse. No era despedir a un jefe de proyecto como Fer, al cual en su momento lo gestionó Mendoza. Era despedir a dos putos programadores. Nadie quería rebajarse a tanto.

-¿No se puede encargar otra persona?

Entonces a Mendoza se le iluminó. Habían ganado tiempo y capacidad con la nueva entrega y también algo de margen económico. De pronto, como gran y buen emprendedor, y magnífico empresario que era, se acordó de su amigo. Mendoza era de los que pensaban que las coincidencias no existían y todo pasaba por alguna razón. Justo esta mañana recibió su llamada y ahora necesitaba algún tipo de “jefe de personal” para las relaciones interiores del proyecto estrella.

-Señores…sí que se puede encargar otra persona. Sólo que aún no es de la empresa. Cosa que solucionaré ahora mismo.

Mendoza descolgó el teléfono para llamar a RRHH y que fuesen preparando el nuevo contrato para su amigo. Él sería el encargado de liquidar a esos dos “programadorzuchos” y el nuevo encargado de repartir su “mano dura” con los empleados. Era simplemente perfecto. Era sin duda lo que necesitaba la empresa.

Tras acordar todo con Ben, José y RRHH, buscó en su agenda y marcó el contacto de su amigo, de Ricardo.

8 Comments

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  1. Ojalá el autor esté a las órdenes de un Mendoza que le obligue a escribir 100 capítulos más. Y nada de vacaciones en verano!

    • Sin duda esos serian los deseos de Mendoza jajaja, y nada de protestar o hacer descansos para ir a beber agua! Desgraciadamente ya llegamos al final….

  2. Volverán a encontrarse Marcelo y Ricardo…

  3. El final de la historia está cerca… No nos defraudes, que queremos la entrega para el próximo Jueves 😉

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