Juego de Tronaos: Fer

Ya estaba hecho. A primera hora de aquel día Mendoza le reunió en privado y le entregó un sobre, con una carta de despido, el finiquito y una inusual carta de recomendación. La actitud de Mendoza fue la de siempre, pero quizás algo más fría e indiferente de lo normal. Era lógico, él ya no era de “la gran familia” ni de la empresa. Para Mendoza ya no existía Fer. Le pidió que no dijese nada hasta la reunión, para evitar revuelo y que la gente se distrajera de su principal obligación: trabajar.

Fer obedeció por última vez, era inútil no hacerlo. Además tenía otros problemas que le preocupaban mucho más. El primero de todos esos problemas y que le oprimía profundamente el pecho era cómo contárselo a su mujer e hijos, cómo contárselo sin llegar a sentirse un fracasado. Se imaginaba sentado en la cocina, su mujer llorando y sus hijos preguntando cómo coño iba a pagarles ahora “la uni” y sus cuentas de Netflix. Lo segundo que le preocupaba y oprimía el pecho aún más, era: “¿qué coño iba a hacer ahora?”. Tenía cincuenta y seis años, y pocos conocimientos de casi nada. Había sobrevivido en esta buena época de las cárnicas y demás gracias a su labia, su manejo de la situación y saber trilear como un absoluto profesional. Pero aparte de eso, no tenía nada.

Conocía perfectamente el mundo laborar…con casi sesenta años, un currículum normalito y sin nada más que aportar…sabía que le esperaba una larga travesía por el desierto, un desierto llamado “paro”. De pronto pensó algo que cruzó su mente como un rayo: “quizás ese iba a ser su último trabajo, sus últimas horas como empleado”, y un nudo en la garganta le oprimió hasta dejarle sin aliento. Acarició el teclado con sumo mimo, miró la sala, la gente, la oficina que bullía laboriosamente, su caro portátil, su cuaderno con apuntes y garabatos….quizás era la última vez que se vería así.

Tuvo que ir al baño y no sólo para lo habitual, sino para enjugar las lágrimas que no pudo impedir que rodaran por sus mejillas.

Al volver entró en la reunión sabiendo todo lo que iba a suceder. De todo lo que aconteció lo que más le dolió fue la pequeña traición de Lorena. En un principio pareció intentar ayudarle, pero luego paso de él. En el fondo la entendía, eran cientos las horas que habían conversado entre ellos y la mayoría de ellas fueron llantos de Lorena sobre los temores a quedarse sin trabajo. Si el lo iba a tener jodido, imaginó cómo de crudo lo iba a tener Lorena. Él por lo menos tenía su labia y experiencia, pero Lorena…no había hecho más que salvarle el culo durante todo el proyecto, quizás ese fuese uno de sus fallos: ayudar a tapar la incompetencia. Tomó nota mental, había que aprender de los errores.

No obstante al salir de la reunión fue ella, Lorena, la primera que fue a darle un abrazo y desearle mucha “pero que mucha” suerte. Intentó darle un abrazo de esos “restriegapechotes” que tanto le gustaban a Fer, pero no estaba de ganas y además ya no veía a Lorena como hacía un tiempo. Ahora la compadecía en cierto aspecto.

Mientras metía sus cosas en una caja de cartón se fueron acercando todos. Los jefecillos le ofrecieron contactos y demás, Fer los apuntó por si las moscas. Fueron pasando todos, incluso conocidos de otros proyectos. Al final fueron los chicos, los programadores. Fer los veía ahora con otros ojos, quizás sintiéndose un poco más identificados con ellos, con lo que pudieron sentir en su día Benjamín o Román.

En el fondo eran buenos currantes, sindicalistas y un poco rojeras y poco emprendedores, pero no eran malos chicos. El último que le dio la mano fue Marcelo.

-Lo siento mucho Fer….probablemente no sea culpa tuya, sino de este proyecto que es una locura. – Dijo Marcelo mirando hacia el despacho de Mendoza.

-No pasa nada, gracias….sí…se ha desmadrado la cosa un poco.- Respondió Fer con apatía.

-Te deseo mucha suerte..de verdad… a ver si encuentras algo pronto. – Dijo Marcelo.

-Sí bueno, tendré que recuperar mis perfiles en páginas de búsqueda de empleo y eso…

-Bueno, también un descanso no viene mal…

-Sí, sí, poco a poco…ahora ya sabes el papeleo del paro y todo eso…No me voy aburrir.

-Bueno, también puedes apuntarte a cursos de algo, no sé…

-Muchas gracias, Marcelo….y ánimo…os quedaréis con un buen marrón, pero sé que los sacareis adelante, chicos.

-Sí, bueno…a ver…gracias.

-Y una cosa….lamento si en algún punto fui duro con vosotros – Ahora Fer hablaba hacia los tres programadores que quedaban allí escuchando.

No pasa nada – Murmuraron ellos.

-Es sólo curro, hay que saber diferenciar – Dijo Dani.

-Nosotros también te hemos dado guerra – Añadió Marcelo.

Bueno…un poco, un poco – Contestó con una sonrisa mientras terminaba de meter todo en la caja.

-Que vaya bien, Fer – Dijo Tomás.

-Suerte también a vosotros chicos.

 

Fer tomó sus cosas, y se despidió en general de la sala. Mendoza ni se enteró, algunos jefecillos parecieron ignorarle, otros (entre los que se encontraba Lorena) no mostraron mucho más interés, y los programadores se despidieron con una sonrisa y agitando la mano.

Recorrió por última vez el pasillo hacia la salida, despidiéndose de todos. El nudo en la garganta volvió a aparecer. Después de tanto tiempo, aquellos eran sus últimos minutos allí. La chica de recepción se despidió también y corrió a abrirle y sujetarle la puerta para que pudiese salir con las cajas en la mano.

Fer se detuvo varios segundos y suspiró largamente. Miró hacia la sala, a la oficina, al techo, al suelo, las ventanas, a la gente trabajando. Agachó la cabeza, tragó saliva y el nudo de su garganta, y se fue para siempre de ExplotaConsulting.

 

2 Comments

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  1. ¿Esto es el fin? ¿O el comienzo de una era oscura?

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