Juego de Tronaos: Fer

La última semana había sido una locura. La rebelión de los programadores, las tensiones entre todos, y encima le habían encasquetado a José y a él encargarse de entrevistar a los futuros becarios. Antes de empezar la ronda Mendoza les reunió a ambos y dejó claras cuáles eran las directrices a seguir, sus palabras aún resonaban en la mente de Fer: “Dejaos de hostias, quiero a los más pardillos de todos, los que peores condiciones acepten, los que parezcan más ingenuos y maleables, eso sí, que tengan conocimientos y buenas notas en la universidad. No me contratéis inútiles y sobre todo, no me contratéis a putos rojos.”

Habían entrevistado a dos recién licenciados, de 24 y 25 años. Ambos eran amigos de la facultad. Eso era bueno, no se traicionarían entre ellos a la hora de comerse marrones. Uno de Extremadura y otro valenciano. Vivían de alquiler, no tenían familia en Madrid ni novia (y parecía que tampoco muchos amigos). Era perfecto, así tampoco tendrían que dar muchas explicaciones si llegaban a las doce de la noche a casa día tras día. Tal y como comentó José: “Mejor, las novias, familia y amigos lo único que hacen es meterles presión y no les permiten trabajar gratis tanto, luego se les quejan que si llegan tarde, que si no tienen tiempo para ir al parque, que si no me haces caso, que si te dedicas mucho al trabajo…” Comentaba socarronamente el bueno de José. Sin embargo, a Fer le empezaba a asquear su misión de reclutar niños, jóvenes ilusos, con aspiraciones y sueños, y engañarles para explotarlos lo máximo posible. Parecía que el perfil que buscaban Mendoza y José se adaptaba más a un esclavo que a un trabajador.

Pero Fer debía aceptar su tarea, sabía que su relación con Mendoza pendía de un hilo. No podía permitirse más cagadas (con la llegada de Víctor y el ascenso pelotero de José, el que empezaba a sobrar era él) , y aunque le asqueaba la idea y estrategia de Mendoza era su trabajo ejecutarla.

Mientras defecaba a media mañana rememoró su conversación con Álex, el chico de Valencia y cómo le vendió la moto: “claro que sí Álex, tendrás un plan estable de formación, y las posibilidades de incorporación son grandísimas, además iremos aumentando tu salario, seguro. Ofrecemos incorporación inmediata y buenos horarios flexibles. Contamos con jornada de verano y numerosos incentivos sociales. Es cierto que los tres primeros meses no recibirán salario alguno, luego el SMI al 75% que serán unos quinientos euros, y luego poco a poco podrás ir progresando, te guiaremos y formaremos y la empresa es líder en su sector, aprenderás un montón, estarás tutelado y tendrás compañeros competitivos, y los jefes son muy cercanos, profesionales y sensibles.”

¡Menuda sarta de mentiras, joder!” Pensó Fer mientras enrollaba el papel higiénico en su mano.

De vuelta a su escritorio no pudo evitar sentirse como una mierda. Lo único que le animaba un poco eran las miradas de Lorena y su sugerente escote. Fuese como fuese, entre José y él habían engañado a los dos chicos, Álex y Santi se iban a incorporar: mañana Álex, y pasado Santi.

Aquella noche Fer no podía dormir. De pronto le despertó una pesadilla. Mendoza, Ben, José…todos estaban hablando de cómo exprimir y explotar más a los becarios. Todos reían y se pasaban maletines llenos de dinero, se pasaban copas de champagne, puros, y joder, había hasta putas de lujo sirviéndoles. Pero de pronto todo perdía la gracia cuando eran sus hijos los que aparecían por la puerta. Iban a ser ellos los becarios. Fer se despertó de golpe y no pudo volver a dormirse.

Cuando aquel día Fer llegó a la oficina Álex ya estaba allí.

-Veo que ya te han dado sitio.¿Te han presentado a tus compañeros?- Dijo Fer señalando a Marcelo, Tomás y Dani.

-Sí.

-Ellos están saliendo a las tres, pero tú al ser becario tienes que hacer otro horario – Fer se dio asco a sí mismo, pero si quería conservar su trabajo debía tragar sí o sí.

-Pero me dijisteis que había jornada de verano – “Vaya, no es tan idiota” pensó Fer.

-Bueno para ellos, tú tienes otro horario.-

-Bueno…vale – El becario aún así parecía dócil.

-Es más, necesitamos un plus al principio, para que te adaptes bien.

¿Qué significa eso?

-Quizás en vez de salir a las 17:30 tengas que estar algo más, hasta las 19 o así…será sólo al principio – Mintió Fer.

Vale – Contestó impasible el becario.

Durante el día la tensión en el proyecto fue palpable, Mendoza gritando desde su despacho, Ben paseando con aires arabescos, José peloteando de acá para allá, Lorena y Fer de risas cómplices y bromas del tipo “Arévalo y Bertín“. Los programadores callados, con los cascos puestos y programando a destajo. Típico día en ExplotaConsulting.

A las tres no quedaba nadie en la oficina, salvo el recién llegado Álex, con una pila de manuales que leer y cientos de líneas de código que revisar. Y sólo era el primer día.

La noche de Fer no fue mejor que la anterior. Volvió a tener pesadillas: Mendoza tenía un látigo y azotaba a alguien. Detrás Ben, Víctor y José desnudos y tocándose sus miembro babeaban y decían “más fuerte, más fuerte jefe, que trabaje más, azótale más, dale, dale”. Cuando los azotados giraban su cabeza eran otra vez sus hijos que desesperadamente decían “papá, papá” una y otra vez.

A la siguiente mañana Fer llegó con un nudo en el estómago y una extraña sensación en el cuerpo. Aún no había ido al baño, y eso era muy muy extraño. Cuando se sentó comprobó que Álex no estaba…y eran ya las nueve de la mañana. Asombrado comprobó que el otro nuevo becario, Santi, tampoco estaba.

Al cabo de una hora Fer empezó a preocuparse. Cuando estaba en plena exploración nasal, Mendoza abrió la puerta de su despacho con tal virulencia que varios papeles salieron despedidos por el aire.

-¡¡¡Ferrrrrrrrrrrrr!!! – Dijo apretando las mandíbulas.

-Mendo..Mendoza – Los intestinos de Fer se reactivaron de golpe.

-A mi despacho ya, ¡joder!.

Fer entró y se sentó. Se fijó en que Mendoza tenía los puños apretados y los nudillos blancos de la presión de sus manos.

¿No notas nada? – Dijo Mendoza, al cual le tembló un párpado involuntariamente.

Los becarios…no han venido, ¿no?

-Brillante, Sherlock.

-Pero…

-Pero hostias en vinagre. Me han llamado las de recursos humanos.

-¿Y?

-No sé qué mierdas les contarías o qué coño vio el becario ayer, pero ha llamado diciendo que pasa de volver a este “puto antro de mierda”, y eso no es lo peor, lo peor es que a su amiguito de facultad le ha ido contando que esto es una puta “cárnica” de mierda….y que aquí no vuelven ni ellos ni nadie que conozcan, por supuesto…¿sabes el daño de imagen que esto supone para nuestra excelente compañía? – “Para tu compañía, y de excelente tiene poco” apuntó mentalmente Fer.

-Pero…-

-No tenemos becarios, ¡joder! y el tiempo apremia…..una puta tarea que te encomiendo y la vuelves a cagar, ¡hostias!. Una vez más. Has fracasado y esos dos pardillos han salido espantados

Quizás no eran tan ilusos – Fer intentó ser sincero.

¿Cómo? Tu labor era engatusarlos, hostias, y coger gente dócil, válidos laboralmente pero mansos de carácter.

-Pero…-

Cállate y escucha. Se te acabó el crédito, Fer. – Mendoza suspiró negando con la cabeza – Ve buscándote un trabajo, no aguanto más, me doy por vencido contigo y tus cagadas ….voy a mover todo para despedirte lo antes posible. Tómatelo como una cortesía que te lo avise. Tus días en ExplotaConsulting están contados.

-Pero..

-Sal de mi puto despacho, ¡YA!

Fer salió despedido a las lavabos. Había dado todo por la empresa, casi hasta su salud. Y así se lo pagaban. Al mismo tiempo que sentía una amargura y tristeza terribles se dio cuenta del peso que se iba a quitar de encima; al mismo tiempo que se le encogían las tripas se sintió liberado, tanto que suspiró y pudo evacuar todo sin el más mínimo esfuerzo.

 

2 Comments

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  1. Me lo temía… Nadie se cree ya las trolas ni el “lenguaje corporativo”…

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