Juego de Tronaos: Marcelo

Eran tiempos de crisis. Es decir, eran buenos tiempos para las grandes empresas. Buenos tiempos para los mercados, para la especulación y para intentar sacar la mejor tajada posible. Dentro del mundo TIC, el trabajo seguía fluyendo, los puestos de programador y analista programador seguían siendo los más abundantes en los mercados cárnicos como infojobs o tecnoempleo. Pero la crisis había tenido su repercusión: los salarios.

Hacía apenas tres o cuatros años esos mismos puestos que se encontraban en “carnicolandia” los ofertaban por 5, 6 o 7 mil euros más. (anuales)

Eran muy muy buenos tiempos para todas esas cárnicas, con subcontratos de, con acuerdos marcos y pliegos acordados. Eran tiempos cojonudos. Los clientes habían bajado sus tarifas entre un 4% y un 6%, y ellos aprovechando ésto habían bajado los salarios en torno al 10-12%. El doble. Es verdad que la rebaja de contratos con clientes era menos pasta a priori, pero claro, había que compensar de algún modo (y seguir manteniendo su margen de beneficios), y cómo no, el mejor y único modo que conoce el empresaurio españistaní es recortando al trabajador.

Así que la cosa estaba así, las cárnicas no dejaban de ganar y podían continuar con su orgía de avaricia y codicia, y los “gorrillas informáticos” tenían trabajo, pero por cien o doscientos euros menos de lo que cobraban hacía unos meses.

La crisis, era rentable para algunos, y hacía más precarios a otros. Como una noria que sube y baja.

Dentro de esta balanza, aquellos a los que no les quedaba más que aceptar su precariedad, encima tenían que aguantar otra bofetada de neoliberalismo: “Da gracias que por lo menos tienes trabajo, y no te quejes, que tú también puedes emprender, ¡puto loser!”. Las empresas, el mundo laboral, no sólo había apretado la soga al cuello al trabajador medio (económicamente hablando), sino que además, como en el caso de este Juego de Tronados, se valía del temor de los empleados a perder su ya maltrecho puesto de trabajo.

Esto se traducía en agachar más la cabeza, protestar menos, menos quejas, menos resistencia y sobre todo, conformarte cada vez más con salarios más bajos, peores condiciones laborales, peores convenios, peores horarios y ubicaciones de trabajo. “Calla y baila puto loser” era el eslogan de la crisis.

Como pensaba Marcelo, sí que eran buenos tiempos. Eran tiempos de la hostia. Pero no para él, ni para millones de trabajadores asalariados.

Todas estas reflexiones y más, las iba procesando lentamente la cabeza de Marcelo, mientras esperaba en aquella salita triste, iluminada solamente por un fluorescente que parpadeaba frenéticamente anunciando sus últimas horas de vida.

De pronto la puerta que tenía al lado se abrió y apareció un señor de unos cincuenta y muchos años. Vestía traje gris y corbata con un manchurrón de grasa de whoper. Tenía un claro problema de sobrepeso, ojeras y un espeso cabello grisáceo. Le tendió su rolliza mano a Marcelo.

-Gracias por venir Mario, soy Ricardo, el gerente en el cliente que te va a hacer la entrevista.

-Buenas tardes, mi nombre es Marcelo – Contestó intentando recalcar que no se llamaba Mario.

Entraron a otra habitación con apenas decoración. Paredes de gotelé blancas y una máquina de aire que ocupaba media pared que debía llevar ahí empotrada varias décadas. Aquel era un piso franco. Donde se ubicaba aquella pequeña cárnica “PRODELUX”. Una empresa pequeña, que apenas tenía infraestructura. Sus oficinas eran un piso alquilado y adaptado, ubicado en la zona de Avenida de América. Por lo que había visto Marcelo la estructura era simple: una secretaria que hacía labores de recursos humanos, un par de gerentes en sus dos clientes principales, y el resto de papeleo administrativo lo derivaban a la gestoría que estaba en el rellano, en la puerta de al lado. (Los empleados cada uno cedido en su cliente).

-Permíteme que nos presentemos, somos “ExploDelux” filial del grupo “PRODELUX” – Genial… pensó Marcelo, son una subcontrata de una contrata superior. Empezamos bien – Y somos una prestigiosa e importante compañía de Outsourcing and Consulting – Vamos… cárnica de la más baja calaña – puntera en nuestro sector y con unos importantes Partners – clientes sados a los que les molan los subcontratados que curran doce horas al día – que contamos con más de veinte…no! veinticinco empleados en varios clientes, y hemos crecido un 20% este último año, y actualmente estamos en concursos por conseguir nuevos objetivos en clientes de prestigioso y primer nivel. – Fin del “speach” de Ricardín.

-Interesante..

-Bueno aquí tengo tu CV, y si quieres te cuento un poco del proyecto y del puesto de trabajo para el que te has apuntado a través de …info..no de “tuempleoTop.com”…sí sí…-

-Ok, sí vi que era para un cliente ubicado en Madrid. – Para Marcelo, más que salario, incluso que horario, lo realmente importante era la ubicación. Odiaba tirarse y malgastar varias horas de su vida en ir y volver del trabajo, y sobre todo si le tocaba atravesar media ciudad enfrascado en un interminable atasco.

-Sí efectivamente, está ubicado en Boadilla.- Allá por donde gira el viento.

-Pero eso no es Madrid.- Marcelo levantó un ceja. No entendía el concepto de “Madrid” que tenían las cárnicas. Cuando aplicas el filtro “búsqueda Madrid capital” esperas precisamente trabajos en Madrid Ciudad.

-¿Cómo que no?…Está en Madrid. Boadilla está en Madrid…eso es Madrid.

-Ya, sí, en la comunidad de Madrid, como Navalcarnero y Buitrago, pero no está en la ciudad…está fuera de la ciudad.

-Dios…¿qué os pasa a todos con Boadilla, Tres Cantos, las Rozas, Pozuelo, Alcobendas?….¿qué os pasa…? Todos ponéis pegas.- De pronto Ricardo pareció perder un poco los nervios, preguntando a Marcelo y al viento, que por qué nadie aceptaba esas ubicaciones. El pobre hombre debía llevar ya unos cuantos “noes” a su importante cliente en Boadilla.

-Hombre, pues porque son varias horas en ir y volver, ya sea transporte público o coche.

¡Que va hombre!, en nada estás allí, el metro ligero va como un tiro – Marcelo reprimió una carcajada – te lo digo yo, te lo prometo, créeme…además, sus oficinas son muy chulas, tienen cafetería y un “ofiice” super moderno, y las oficinas son nuevecitas, muy bonitas y punteras, con equipos nuevos y potentes – Ricardo soltó aquello, como si todo eso compensase las horas de tiempo que iba a perder en ir y volver.

-Ya pero bueno, es perder mucho tiempo en desplazarme.

-Bueno pero tienen un horario que no está mal, sería de nueve a siete de la tarde y los viernes salir a las tres.-

-Pero eso son diez horas al día, de nueve a diecinueve.- Más lo del viernes, hacían casi un total de 50 horas a la semana en el entorno de tu puesto de trabajo.

-Sí, es horario de oficina…tienen dos horas para comer, hay un montón de sitios chulos para comer por allí y luego tiene gimnasios y muchos servicios, y centros comerciales cerca.- Otra cosa que Marcelo no entendía, y que le jodía bastante: ¿para qué dos putas horas para comer? si él comía en 20 minutos su delicioso tupper preparado la noche anterior.

-Ya, yo es que prefiero salir antes para hacer mis cosas que estar dos horas comiendo.- ¿Qué comería la gente allí para estar dos horas comiendo?…¿Hipopótamo a la brasa?

-¿Tienes muchas cosas que hacer por la tarde?- Ricardo se recostó y se cruzó de brazos. Su actitud ahora era defensiva.

-Pues sí la verdad, actividades, hobbies, familia, amigos…etc ya sabes, lo normal.

-Nosotros somos más de pedir pizzas y comida china, hemos acabado muchas noches comiendo noodles con palillos chinos, como en las pelis, hasta las tantas de la madrugada, eso hace que haya buen ambiente en el proyecto.¿No valoras el compañerismo? – La cosa es que Ricardo decía aquello como si fuese molón estar a las doce de la noche en la oficina comiendo fideos chinos en cajas de cartón.

-Yo…soy más de cenar en casa.

-Bueno…yo siempre he pensado que los informáticos somos como médicos. Es decir, un médico si está operando y llegan las siete y se tiene que ir a su casa, no coge la puerta y se va…sino que sigue la operación hasta que acaba.- Igualito, una vida humana que un pedazo de código, igualitos los salarios y el porcentaje de horas extra remuneradas entre el sector sanitario y el TIC. Igualito abrir un pecho en canal que “guardar como”. Igualito.

-Salvo que los informáticos no nos jugamos la vida de nadie….- Marcelo ya no sabía qué decir. Quería irse de allí ya.

-Verás hijo…mi mujer por ejemplo me dice: “pobrecito nuestro hijo, vuelve a las ocho de trabajar, o a las diez, o a las once” pero no me lo dice cuando vuelve a las seis de la mañana de fiesta.- Ricardo puso cara como de “zasca”, ahora no tienes nada que decir.

-Son cosas diferentes…creo yo…- Marcelo temía que en cualquier momento aquel señor se levantase, sacase una cruz e intentase exorcizarlo para sacar su demonio sindicalista de dentro. Sal satanás, sal.

-Bueno, no sé si sigues interesado en el proyecto, parece que no te cuadra mucho….la oferta económica es buena, 24mil al año, no te podrás quejar.

-En la web en el anuncio indicaba 27 mil. – Lo de siempre, una cosa lo que prometen y luego otra lo que intentan regatear.

-Un error de la web, como mucho te podemos ofrecer 25.

-Puff…no es lo que estoy buscando, está muy lejos y el horario no se ajusta, la verdad.- Marcelo sólo pensaba: “¿me puedo ir ya señor puto loco?”

-¿Pero qué os pasa? ¿No queréis trabajar o qué?…a ver y dime…¿por cuánto aceptarías este puesto?, porque ya llevo quince entrevistados y todos decís lo mismo.- El señor puto loco ahora estaba enfadado con Marcelo. ¿Cómo podía aquel ser insignificante no aceptar el pedazo de mierda reluciente que le estaba ofreciendo? No lo entendía.

-Pues a partir de 40mil me lo empezaría a pensar….y sólo a pensar- Recalcó Marcelo.

Esto…pero…esto…pero….– Señor puto loco parecía al borde de un ataque epiléptico. Resoplaba como un caballo en pleno sprint.

-Sólo intento ser sincero.- Intentó aplacar Marcelo a la bestia desbocada.

-Muy bien…gracias por venir Mario.- Dijo Ricardo, alias: señor puto loco, con los dientes apretados.

Ricardo le tendió la mano, y Marcelo se la estrechó. Abandonó el piso franco y salió a la calle, una bocanada de aire impregnado de polución le devolvió a la realidad. A la sucia ciudad que nunca duerme. No iba a encontrar un trabajo nuevo antes de la implantación de la “no jornada de verano”, y menos en estos tiempos tan buenos que corrían.

 

6 Comments

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  1. Malos tiempos para los románticos… 🙁

    • Los buenos tiempos fueron los 80 y principios de los 90, donde ser informático era algo, había empresas de informática de verdad, donde ser informático era algo importante y no de empresas de outsourcing donde venden trozos de carne al mejor postor…desde que proliferaron las subcontratas y aumento el intrusismo laboral la cosa, tal y como narro, ha ido a peor.

  2. Eso demuestra que por mucha crisis que haya o pueda haber, si las empresas necesitan un especialista al final hay margen de negociación, en cierta empresa necesitaban testers y esperaron cinco semanas a uno que estaba en Polonia, así de simple si uno tiene las cosas claras algo puede mejorar. ¿El problema…? Los padefos.

    • Sin duda los Padefos no solo se hacen un flaco favor a ellos mismos, sino que su actitud acaba por perjudicar a todos. ¿Y lo malo? que siempre, en cada oficina, cada sala o cada proyecto hay un Padefo.

  3. Vean el vídeo de pantomima full titulado corporativo que de esos también hay y son lo peor!

    • Ese vídeo es buenísimo!! lo vi hace tiempo y es otro ejemplo de los especímenes habituales del mundo TIC.

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