Juego de Tronaos: Roman

Aquel miércoles fue un día convulso. Benjamín acababa de ser notificado de su cese en la empresa. Recogió sus cosas y se fue despidiendo de sus compañeros. Román venía de otro proyecto, era un pequeño refuerzo que habían traído al proyecto estrella. Desde fuera ya veía cómo aquéllo era un desastre, ahora desde dentro lo estaba confirmando.

Acompañaron a Benjamín a la salida, allí se despidió de todos y les dijo que esa misma tarde ya tenía cita con un abogado para denunciar a la empresa. Sus compañeros le desearon suerte y al subir de la calle Fer llamó a Román a la sala Minerva. Dentro les esperaba Ben.

Román ya sabía lo que tocaba. Era la reunión de “los juegos del hambre”. No es que Román fuese especialmente rebelde, o sindicalista, pro derechos laborales o especialmente protestón. Era más bien que ya metido en la cuarentena tenía claro que las horas extra “gratis” no eran un opción, y no se lo tomaba en plan “reivindicación laboral”, sino personal. Yo hago mi trabajo y si quieres que trabaje más y me pagas, bien, si no, no lo voy a hacer. Para él no era algo colectivo del tipo justicia sobre condiciones laborales o derechos. Era su filosofía de vida. Tenía claro lo que iba a suceder a continuación.

-Bueno Román, ¿qué tal va el proyecto? – Comentó Fer. Siguiendo el manual del buen capcioso.

-Pues intranquilo, la verdad. Acabamos de ver cómo se iba un compañero nuestro y eso no transmite confianza.

-Él ha tenido la opción de quedarse – Intervino secamente Ben.

¿Cómo? – Román sabía la conversación que habían tenido con Benjamín. Punto por punto. Opciones le habían facilitado más bien pocas.

-La empresa necesita un plus de vosotros, un esfuerzo.- Contestó al quite Fer.

-Ya ya…trabajar gratis durante un tiempo.- Respondió Román con media sonrisa.

-Yo no lo llamaría así – intervino Fer abriendo sus manos y mostrando sus palmas blanquecinas.

-¿Y cómo lo llamarías? – Preguntó Román, ahora sí, mostrando una sonrisa socarrona.

Debemos remar todos en la misma dirección, es simplemente un pequeño sobreesfuerzo.- Fer lo intentaba pero ya no engañaba a nadie con su verborrea.

-Y si nos negamos nos despediréis, ¿verdad?. Suena más bien a amenaza.

-Necesitamos a gente comprometida con el proyecto…nada más.- Dijo Ben cansado ya de aquella tanda de reuniones y tantas gilipolleces.

Román iba a jugar su carta. Era el momento. Lo había hablado con su mujer y estaban de acuerdo. Así que sacó su as de la manga.

-Muy bien, no me negaré a trabajar algo más, pero es que justo voy a solicitar la “reducción de jornada por paternidad”; mi hijo aún es pequeño y según los estatutos de la empresa y los derechos laborales lo puedo solicitar y estáis obligados a concedérmelo.

Un tenso silencio se apoderó de la reunión. Fer agachó la mirada y se urgó disimuladamente la nariz. Ben clavó sus ojos llenos de finas venas rojas de ira en Román. Solicitar la reducción de jornada significaba hacer de ocho a tres todos los días, durante la jornada de verano y posterior jornada normal. Pero eso no era lo peor, lo peor es que según la normativa laboral no se puede despedir a nadie que esté en este estado de “reducción de jornada laboral”. Román había soltado su órdago. Si le iban a obligar a hacer horas extra, él iba a obligar a la empresa a no hacerlas, y contaba con el respaldo legal al solicitar aquello.

-Román…llevas poco en el proyecto, estamos contentos contigo, no es necesario llegar a ésto – Fer parecía agobiado y triste a la vez.

Ben sin embargo estaba rojo de ira. Se levantó de golpe, el cual fue tan brusco que arrojó la silla contra la pared de vidrio. Salió airadamente del despacho. Fer y Román vieron cómo se dirigió con paso de penco hacia el despacho de Mendoza.

Una vez dentro ambos hablaban pero desde la sala Minerva no se podía entender muy bien. Ben parecía irritado, haciendo varios aspavientos mientras Mendoza simplemente asentía. Al final Mendoza negó con la cabeza e hizo un leve gesto como dando permiso a Ben para lo que fuese que estaba solicitando.

Ben salió del despacho y fue a la zona donde se ubicaba la gente de recursos humanos. Allí Fer y Román le perdieron de vista.

-¿Sucede algo? Estoy en pleno derecho de solicitarlo – Preguntó al final Román.

-Debe estar consultando algo – Fer sabía tan poco como el propio Román, a la par de estar igual de sorprendido por los acontecimientos. Sus intestinos rugían furiosamente ante la incertidumbre.

Tras unos minutos por fin vieron venir a Ben entre los escritorios al fondo de la sala. Toda la oficina se percató de que algo raro estaba pasando. Ben caminaba hacia la sala sonriente, con aire victorioso y satisfecho. Román no entendía nada, Fer sin embargo se temía lo que acababa de suceder.

Ben entró en el despacho y fue entonces cuando Román reparó en que en su mano portaba una pequeña carpeta con folios. Se la arrojó con cierto desaire a Román, el cual la abrió lentamente.

PUM.“Cañonazo en el cielo”.

 

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