Juego de Tronaos: Benjamin

Benjamín ya sabía que estaba en un proyecto peste. No llevaba mucho tiempo, pero ya había tenido unas cuantas “Reuniones Gestapo” y sabía cómo se las gastaban Mendoza, Fer o José. Al que no tenía calado era al “otro” jefe de la empresa, el tal Ben…siempre con aire taciturno, una expresión severa en su rostro y lo que parecía ser un carácter taimado que en el fondo ocultaba a una persona tan exquisita como su homólogo “Don Mendoza”.

Aquel miércoles a las nueve de la mañana había llegado su turno. Tenía la reunión de “los juegos del hambre”. Los programadores habían apodado así a esa ronda de reuniones a la que Fer y Ben estaban sometiendo a todos de uno en uno. Entre ellos bromeaban: “cuando se oiga el primer cañonazo miraremos al cielo a ver quién ha salido del juego”, bonita metáfora para afrontar los posibles despidos.

Era un secreto a voces que el proyecto había entrado en una fase “urgente de reestructuración”, y lo que al principio parecía que iba a ser algo lógico (reducir jefazos y meter más mano de obra) resultaba que iba a ser al contrario. Probablemente darían una serie de ultimatums a todos y los más rebeldes….”cañonazo y foto en el cielo”.

Benjamín estaba hasta los cojones. Siempre era la misma historia, siempre los mismos pasos, los mismos culpables y el mismo “modus operandi”. Miró su reloj: “8:55”, y al alzar la vista Fer le indicaba moviendo la cabeza como si tuviese un anzuelo enganchado y tirando de ella, que se dirigiese a la “sala Minerva”.

El joven programador ya había tomado la decisión la noche anterior, así que procedió con su plan. De camino a la reunión desbloqueó su móvil y casi sin tiempo lo dejó todo preparado. Entró a la sala y dejó en la mesa su cuaderno junto a él, los bolis y el móvil. Allí enfrente estaban Fer y Ben.

-Buenos días Benjamín, ¿cómo va el módulo de nuevas adquisiciones?- Preguntó con una afable sonrisa Fer. Era así como funcionaba aquello. Se empezaba con una sonrisa y buenos modos, sin ir directo al grano, preguntando por algo que realmente ni sabían ni les importaba. Todo era muy protocolario. Muy de atrezzo.

-Bien bien, he avanzado bastante esta semana – Benjamín odiaba los rodeos.

-Bueno, como te habrá comentado alguno de tus compañeros, estamos haciendo una pequeña reunión para explicaros los pasos que se han decidido ha de tomar el proyecto.- Ben, el cual parecía irritado, tomó cartas en el asunto. Tampoco le gustaban los rodeos

Benjamín no dijo nada, simplemente asintió y no pudo reprimir lanzar una mirada a su teléfono móvil. Una luz parpadeaba tenuemente.

-El lunes empieza la jornada de verano. ¿Sabes que se ha suprimido, verdad?- Dijo Ben cruzándose de brazos.

No tengo ningún comunicado oficial de la empresa, ni mail, ni carta o circular…nada que indique que se modifican las condiciones de mi contrato – Dijo Benjamín.

-Te lo decimos ahora. Y te lo confirmamos ahora….Y ni se te ocurra pedirlo por escrito.

¿Y la compensación?– Preguntó el joven e iluso programador.

-Se verá más adelante, al final del proyecto – Fer seguía mostrando una sonrisa, como si no pasase nada y trabajar gratis fuese lo más normal del mundo… El fin del proyecto en cuatro años quedaba muy lejos, pero sus mentiras eran contemporáneas.

Ya, pero las horas extra son voluntarias, no podéis obligarme a hacerlas – Recordó Benjamín. Al oír ésto, Ben se inclinó hacia adelante. Aquel chaval se había leído algo de derecho laboral. Debía ser un “maldito sindicalista cultureta”.

-Eso no es así, tú tienes contrato con nosotros y tienes que trabajar lo que la empresa te exija, sí o sí, y sin discusión. Nosotros te pagamos y tú eres nuestro empleado.- Ben a pesar de saber que esto no era así, lanzó la amenaza.

-Pues hasta donde yo sé, las extra son voluntarias, hay que pagarlas y hay un máximo al año, que por supuesto al suprimir la jornada de verano se sobrepasará y con creces – Benjamín había echado cuentas.

-Mira chaval…esto va así: o agachas la cabeza, trabajas y haces esas horas extra o tendremos que despedirte. No hay más.- Ben escupió con cierto despotismo estas palabras.

-No querer hacer horas extra tampoco es un motivo de despido.- Benjamín se resistía a dar su brazo a torcer.

Ben golpeó la mesa con la palma abierta. Más que el golpe lo que resonó fue el palmeo contra la mesa de vidrio.

– ¿Qué parte de si no trabajas te vas a la calle no has entendido, chico?

-Yo tengo firmadas cuarenta horas semanales, si el proyecto necesita más gente o está mal planificado no tengo porqué acarrear con las consecuencias.-

Jodidos sindicalistas – Murmuró Ben, Fer le puso la mano por delante, como indicando tranquilidad.

-Benjamín, estamos contentos con tu trabajo, de verdad, te has adaptado rápido y lo estás haciendo bien. Necesitamos este esfuerzo. – Fer ejercía de poli bueno mientras Ben resoplaba.

-Es que no es un esfuerzo puntual, estáis hablando de durante tres meses salir a las seis o siete de la tarde, cuando en verdad deberíamos irnos a las tres…¿habéis calculado cuántas horas extra son? (unas 180 horas extra como poco, y el máximo son 80).

-La jornada de verano es opcional, la empresa la puede suprimir. – Trató de mentir Ben.

-No, para hacer jornada de verano trabajamos media hora de más todas las semanas durante el resto del año, para acumular tiempo y tener jornada intensiva en verano….ese tiempo acumulado si no tengo jornada de verano…¿dónde va? No me lo estáis pagando y encima lo voy a tirar y regalar.

-Tu obligación es acatar las órdenes de la empresa, te gusten o no.- Ben seguía empecinado.

-Si la empresa necesita horas, yo estoy dispuesto siempre y cuando me las soliciten, me las paguen y todo esté dentro del marco legal laboralmente hablando.

-Y dale…está bien…¿no tienes más que decir?- Fer también estaba agotado.

-Sí, que en verano me he pedido diez días para ir a mi pueblo a ver a mi familia y aún no me los habéis concedido.

-Ni te los vamos a conceder, el proyecto está en fase crítica, no hay vacaciones.

-Pero dijisteis que podíamos solicitar diez días.

-Las vacaciones las autoriza la empresa, todas las vacaciones las puede modificar y decidir la dirección – Ben se marcó otro farolazo. Evidentemente erróneo, ya que en caso de discusión sobre vacaciones, se debería solicitar un comité de arbitraje entre empresario, trabajador y comité sindical (en caso de tenerlo), y decidir la mitad de vacaciones el empleado, y la otra mitad la empresa. Pero Ben esto lo sabía, lo único que siempre lanzaba este tipo de amenazas contando la ignorancia del trabajador. La mayoría de veces colaba.

Creo que eso tampoco va así, al menos debería poder elegir ciertos días yo.

Te equivocas en todo. Esto va así, y con esto vamos a terminar la reunión: no hay vacaciones, y hay que hacer las horas extra, las cuales de momento no podemos garantizar pagarlas. Tu labor es acatar estas directrices de la empresa, trabajar y sacar tu trabajo adelante, que es tu responsabilidad . No se te va a dar nada por escrito, ni compensación por horas extra por escrito, ni vacaciones y por supuesto nada de la jornada de verano. Esto lo marca la empresa y tú como empleado de ésta debes acatarlo sí o sí. Es obligatorio. De no ser así la empresa tomará medidas inmediatas.

-¿Me estás amenazando con despedirme si no trabajo gratis todo lo que tú quieras y con tus condiciones? – Preguntó Benjamín.

Tranquilos – Intervino Fer- aquí nadie amenaza. Sólo que necesitamos este sobre esfuerzo y los que no estéis dispuestos a hacerlo, entendemos que no “estáis en la honda” del proyecto.

-Muy bien, he captado el mensaje – Benjamín no tenía más que decir.

-Pues si lo has captado bien, nada de irse a casita a tu hora, a las cinco y media no acaba la jornada, hay que quedarse un poquito más y el lunes que viene a la seis os quiero ver a todos aquí, trabajando y sacando adelante vuestro proyecto, vuestro trabajo, que es vuestra responsabilidad.

-Ya veré…pero yo no voy a trabajar gratis, ni forzado, y menos sin comunicado oficial o un mail o documento donde indiquéis a cuánto pagáis las horas extra. Y os recuerdo que las horas extra son voluntarias, no podéis obligarme.

Ben apretó las mandíbulas. Estaba furioso, le miró de arriba abajo con desprecio. Parecía a punto de saltar encima de la mesa y arrojarse salvajemente sobre Benjamín.

Hemos terminado – Masculló entre dientes casi sin separar las mandíbulas.

Ben estaba colorado, se levantó de golpe, irritado, rabioso y airadamente abandonó la sala dando un sonoro portazo. Fer miró de soslayo a Benjamin y levantó las cejas.

-Tienes que hacer esto Benjamín, a la dirección de la empresa no le va a temblar el pulso esta vez.

-Bueno…yo solo sé que tengo contrato y que oficialmente la empresa no me ha dicho nada.

-No puedo hacer nada más por ti….por vosotros – Fer alzó la cabeza hacia los compañeros de Benjamín.

Pues…gracias…supongo.

Fer recogió sus papeles y salió de la sala dejando a Benjamín allí solo. Miró a un lado, al otro y se aseguró de que no había nadie que pudiese verle.

Recogió su móvil y pulsó la opción de “guardar audio de voz”. Cuando os contaba que Benjamín estaba hasta las pelotas no era una simple expresión. Realmente estaba harto de amenazas, trabajar gratis y que otros se llevasen siempre el beneficio. Tenía claro qué hacer. Mejor dicho: qué no hacer. No iba a trabajar gratis, y contaba con la legalidad y los derechos laborales de su parte.

Quizás, si de verdad le despedían “por cumplir con su contrato y derechos laborales” con esa grabación podría denunciarlos demostrando extorsión, intimidación y amenazas. Se guardó su móvil en el bolsillo y continuó su jornada laboral. Avanzó un montón, pero a las cinco y media (hora de salida) recogió sus cosas y se largó.

En el pasillo le esperaba Ben.

-¿Te vas?

-Sí.

-Muy bien.

A la mañana siguiente Benjamín se encontró en su escritorio la carta de despido y el finiquito.

 

 

 

2 Comments

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  1. Veo que la cosa va a peor… supongo que Marcelo no tardará en irse ;).

    • Efectivamente…la cosa va a peor, y se van a desencadenar próximos acontecimientos importantes para el devenir del final de la historia.

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