Juego de Tronaos: Daniel

Eran las diez de la noche y su particular vía crucis parecía ver la luz al final del túnel. El día había sido una locura. Tras la reunión le había caído un marrón de dimensiones épicas. Lo que equivalía a un desarrollo de varios meses, él debería repasar y poner en ejecución y sin fallos en un sólo día. Sus compañeros ayudaron en todo lo posible, aunque alguno ayudó como el que más, se fue a su hora a casa (era un puto sindicalista de esos que no quieren currar gratis) y otros se quedaron algo más (dentro de lo razonable) para intentar ayudarle. Llegado a un punto no se podía hacer más, demasiadas manos a la vez  hacían entorpecer, y al fin y al cabo era Daniel el único que tenía algo de conocimiento sobre el proceso que había dejado Álvaro.

Sea como fuere, a las diez de la noche Daniel permanecía en las oficinas de “Explota Consulting” mirando la pantalla, allí se encontraba, solo entre un mar de escritorios con monitores. Con una extraña sensación de aislamiento. La oficina, siempre tan llena de luz, de gente, de vida…ahora vacía, petrificada en un tenso silencio, que sólo se veía interrumpido por el frenético golpeteo de sus dedos contra las teclas.

Un whatsapp le interrumpió. Dejó de teclear, se quitó los auriculares en los que sonaba la banda sonora de “Star Wars” y miró el móvil. El mensaje era de José, aunque en el móvil de Dani aparecía guardado como “Lamepoyas”.

“¿Cómo va Dani?… ¿Habemus copia de seguridad?. Me dijo Mendoza que mañana a primera hora nos viésemos en su despacho. Suele llegar a las 9 así que intenta que esté todo niquelado para esa hora …ánimo compañero, estás haciendo un gran trabajo, confiamos en ti y te recompensaremos este inmenso esfuerzo”.

Seguramente José estaría ya pensando en irse a dormir y quería asegurarse de no tener problemas mañana a primera hora. De pronto se los imaginó a todos. José con un pijama de franela acostándose en su cama de agua, Lorena viendo la Voz Kids con sus hijos garantizándoles que si se esfuerzan pueden cantar bien y triunfar tanto como ha triunfado ella, y Mendoza en algún apestoso tugurio tomando Gin Tonic y compartiendo ideas y modelos de negocio. Una arcada le sobrevino de pronto.

El mensaje en sí también decía otra cosa…que seguramente no todos os habéis percatado. Decía: “aunque te quedes hasta la puta una de la mañana, quiero que a las 9 estés en la oficina sí o sí”.

Pensó en ir a vomitar al baño, pero respiró hondo y se enfundó sus auriculares nuevamente. Ya tenía casi todo, conexiones, tablas, Loader, nuevas copias de seguridad, trazabilidad….faltaba revisar y ejecutar el proceso que repondría los datos eliminados. Su estómago rugía de hambre.

Camino a las once ya lo tenía todo. Faltaba ejecutar el proceso, o como diría Lorena: “sólo es pulsar un botón”. Aún así antes de marcharse quería monitorizar el proceso, comprobar los logs y asegurarse de la correcta reposición de información, así como el correcto funcionamiento de las posteriores copias de seguridad.

-Media horita más y a casita – Murmuró en voz baja. Era el tiempo estimado que tardaría el proceso.

Dani pulsó el botón y el proceso de recuperación comenzó a funcionar sin problemas. Decidió que era buen momento para matar su hambre. Se levantó y fue a la cocina, iba a atracar la máquina de refrigerados, donde había zumos, refrescos y sándwiches.

Al entrar en la cocina casi le da un infarto.

Allí estaba Tomás, un chico que también trabajaba en la empresa, al cual sólo conocía de vista y de habladurías: según decían era superdotado.

-¡Joder qué susto!, creí que estaba sólo en las oficinas – Dijo Dani agarrándose el pecho.

-Ya ves que no…¿Qué ha sido lo tuyo? – Preguntó Tomás mientras sorbía un Red Bull.

-Un puto marrón….lo de siempre – Dani cerró los ojos y negó con la cabeza.

-Déjame adivinar….un jefecillo la caga, el que tiene que arreglarlo no está, y te toca a ti comerte el marrón.

-Clavado macho….¿Y tú? – Preguntó Dani.

-Llevo ya un tiempo saliendo sobre estas horas….”soy la guardia de la noche, la noche se avecina, ahora empieza mi guardia” – Dijo Tomás parafraseando el ya famoso juramento de la Guardia de la Noche. Ambos soltaron una carcajada.

-Cuenta, cuenta…me intriga – Dijo Dani mientras sacaba un bocadillo de atún de la máquina.

Vendieron un proyecto, diciendo que iba a tener cuatro analistas y ocho desarrolladores, coordinados todos por un jefe de proyecto….sobre el papel no está mal ¿verdad?….-

-Déjame que adivine….al final, el proyecto tiene un jefe de proyecto, dos analistas y un desarrollador. Lo que se ahorran con el sueldo de los que faltan por contratar se lo quedan el jefe de proyecto y los analistas.

Muy buena – Dijo Tomás entre risas – pero no…casi casi, pero no…digamos que el jefe de proyecto ha hecho de analista, y yo hago de analistas y programadores.

Suena muy eficiente y proactivo – Comentó con sarna Dani. Ambos rieron.

-Esto amigo es la ciudad que nunca duerme…no Nueva York, ni Tokio…Madrid, España es el país de las horas extra…no remuneradas, por supuesto.

-En nuestro proyecto es normal echar horas, sí….pero no hasta tan tarde. Somos el “proyecto estrella“.

-Lo sé…he pedido el traslado a vuestro proyecto.- Tomás volvió a sorber el Red Bull.

¿Estás seguro?...esto es un infierno, todos los jefecillos, analistas funcionales y orgánicos, juntos suman la inteligencia de un simio con medio cerebro….

-Lo sé, lo sé….pero estoy en un laberinto sin salida. Haga lo que haga esto va a salir mal, es lo que no ven, el proyecto en el que estoy ahora está condenado al fracaso. La calidad del producto que estoy desarrollando es una mierda, lo sé, no hay análisis ni documentación y yo estoy cansado y desmotivado, no son mis mejores líneas de código….o entrego una mierda y me largan, o no hago nada y me largan igual. Va a ser lo mismo,  Sea como sea voy acabar mal. – Tomás levantó una ceja.

-Visto así….

-¿Y sabes qué es lo peor?….que aún así, si nos viese aquí Mendoza a las once de la noche tomando un descanso tras trabajar cientos de horas gratis, el muy hijo de puta pensaría: “ya están estos vagos descansando sin hacer nada y de cháchara” – Dani sonreía. Sabia que Mendoza era así de idiota.

-Se ve que le conoces bien.- Respondió dando un bocado a su sándwich de atún.

-Es fácil…una vez que conoces un gilipollas todos siguen el mismo patrón…son fáciles de identificar.

-Tengo que volver al curro, tengo la esperanza de irme a casa en diez minutos.

-Ánimo entonces.- Le dijo Tomás.

-Ya nos veremos, quién sabe, lo mismo acabamos siendo compañeros.

-Ya lo somos – Y se dio un toque en la plaquita identificativa que colgaba de su cuello, la que usaban para fichar, para entrar y salir de la oficina.

Daniel volvió a su sitio. Es una pena que la gente inteligente, honesta y buena acabe siempre comiendo las migajas y enmierdado. Los idiotas, los incompetentes acaban lamiendo los culos oportunos y sobreviviendo muy por encima de sus posibilidades.

Entre estos pensamientos Dani desbloqueó el PC y miró los logs: “proceso finalizado con éxito”. Podía irse a casa, pero mañana le tocaría una nueva batalla. Guardó todo, mandó un correo a todos y salió pitando de la oficina.

Mientras Mendoza vomitaba el exceso de ginebra en los baños de una disco “cool” de la latina, y José y Lorena llevaban ya un rato dormidos, Dani corría a toda prisa para no perder el último bus y volver a su casa.

 

1 Comment

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  1. Muy mal hecho Tomás y Dani, antes de echar una sola hora extra, por escrito las horas que se van a echar , y eso se negocia y se es inflexible antes de echarlas, están agarrados por ahí y por muchas voces (y tú también las puedes pegar) o pasan por el aro o tienen un buen lío.

    Ejemplo de que así estamos como estamos.

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