Juego de Tronaos: Fer

Tras un par de semanas de baja Fer estaba realmente hasta los cojones de su mujer y sus hijos. Estar en casa, sentado y reposando le estaba consumiendo. Había desarrollado un odio visceral hacia Ana Rosa Quintana y Susana Griso (a pesar de que ambas le parecían atractivas y ocasionalmente eran objetos de sus más oscuras fantasías), de igual modo acabó odianto a la ruleta de la suerte, el pasapalabra, el Deluxe, First Dates y hasta el Hormiguero, con ese pequeño bufón pelirrojo que no dejaba de decir gilipolleces. La tele no le daba más de sí, y sus hijos no le dejaban la cuenta de Netflix que para colmo, pagaba él.

Su mujer no hacía más que atosigarle: que si quieres ésto, que si necesitas lo otro, que si toma un cojín, que si te encuentras bien, que si te duele el corazón, que si quieres ir al baño, que si “¿por qué te pones así cuando te digo que uses pañales para adultos?”. Así las 24 horas, un goteo constante de idioteces. Incluso una noche le despertó (interrumpiendo un tórrido sueño con invitadas de lujo: Lorena, Ana Rosa y Susana) para asegurarse de que seguía respirando.

Estaba hasta las pelotas. Tanto, que incluso llamó unos días atrás a Mendoza, para intentar distraerse con algo. Éste pasó de él y se deshizo de su llamada con su sutileza (o falta de ella, mejor dicho) habitual en Mendoza.

-Inma no seas mala, dale a papá la cuenta de Netflix…anda ¿qué te cuesta?

-Es que vas a ver mis series, y me vas a estropear mis favoritos y mis tendencias papi.

Raúl, hijo! ¿Le dejarías a tu pobre viejo la cuenta de Netflix?

-Ni hablar, vamos ni de coña….antes me borro, fíjate lo que te digo – Espetó su hijo sin ni siquiera mirarle a la cara.

-Querrás decir que YO me borro…vuestras cuentas las pago yo. – Protestó Fer.

-Cómprate una cuenta y así nos dejas en paz ya, joder. – Respondió Raúl de mala gana.

-Oye, ¡un respeto, eh! – Fer no quería enfadarse…no debía.

Ambos hijos salieron de la cocina sin despedirse, camino a la universidad. Fer se quedó agitando su café, observando a los dos mentecatos que había criado. Desde su “pequeño arrechucho” como él lo llamaba, había empezado a ver la vida de forma distinta. Sus hijos eran engreídos y desagradecidos, y eso era una triste realidad, de la cual él sin duda tenía mucha responsabilidad.

-¿Quieres más café?

-No gracias Marga, muchas gracias cariño.

-¿Más avena?

-Odio la puta avena….dónde estarán mis buenos churros y porritas…

-Eso se acabó amor, ¿te hago un té digestivo?

-No, gracias.

-Deberías tomar un té digestivo…

-No, de verdad.

-Pero…

-Déjalo Marga, por favor…voy a ver la tele un rato.

Fer salió de la cocina, huyendo de su mujer tan despavoridamente como sus hijos huyeron hacía un rato de él. Se sentó en el sofá, encendió el televisor. Allí estaba aquella arpía de Ana Rosa. Cambió a Susana. Peor aún…las dos no decían más que perogrulladas. De pronto su móvil sonó. Era Lorena. Casi se le cae el móvil de las manos de la sorpresa. Lo agarró firmemente, carraspeó aclarándose la garganta y descolgó.

¿Lorena cómo estás?, ¿qué tal por la oficina?

-Fer….- Lorena parecía al borde del llanto.

-¿Sucede algo?, ¿todo va bien?

Sí sí….sólo que sin ti ésto es más complicado….- Fer sintió un cosquilleo, uno que hacía mucho que no sentía.

-Cuéntame…¿a qué te refieres? – La fantasía de Fer estaba en plena ebullición.

-Pues a que sin ti aquí…me veo sobrepasada la verdad, los chicos, el proyecto…no sé ni por dónde empezar.

-Dime, ¿qué puedo hacer por ti?- No era lo que Fer esperaba oír, pero se mostró como siempre, cortés y educado.

-Me están solicitando cosas que no habíamos hablado nunca, que no entiendo….y quería consultarte.

-Sí, claro…dime…

-¿Te suena COBRA?

-Sí claro, bonita y peligrosa serpiente – Ambos rieron.

-¡Eso he dicho yo! Menos mal, me he sentido como un bicho raro….pero no tengo ni idea de qué es eso – Dijo Lorena.

-No estoy seguro…pero me suena a que es un arquitectura multilenjuage para que diferentes PCs puedan trabajar juntos…algo así, tampoco soy experto en el tema.

-Se supone que tengo que hacer el documento funcional de eso…

Se supone que deberías saber de eso…

Un incómodo silencio se adueñó de la llamada. Sin duda no era lo que Lorena esperaba oír.

Ya…ya…– Titubeó vagamente Lorena –  pensaba..no sé… que tal vez podrías asignar esta “subrutina” a un chico, a otro analista, incluso dar permisos totales al “Alfresca” ese a todos para que editen documentos….

-Sí, podría, pero no es la solución Lorena.

-¿Y qué debo hacer?….¡Estoy agobiada!

-Busca por internet…documéntate, investiga, estúdialo bien…y luego hazlo lo mejor que puedas, entonces ahí tienes todo mi apoyo – “Haz tu puto trabajo” pensó Fer, sorprendido por su propio cambio de mentalidad.

-¿No es más fácil asignar ésto a otro recurso, Fer? – Lorena lo intentaba pero no estaba presente, no podía jugar la baza de “un botón menos en mi escote”.

-Desde aquí no puedo maniobrar, tú haz lo que te he dicho y a la vuelta ya vemos cómo lo arreglamos, ¿vale?

-Gracias Fer.

-Nos vemos Lorena.

La llamada había dejado a Fer un regusto agridulce. Lorena le parecía una mujer de bandera, y en muchos aspectos le llamaba la atención, pero se daba cuenta que realmente era “un recurso muy limitado”, como diría Mendoza. Prácticamente no podía funcionar sola, siempre dependía de alguien, y eso no era lo normal en un analista funcional. Debería ser al revés, ella debería ser la referencia para los programadores. Aparte eran incontables las veces que Fer ya había intercedido por ella.

“A mi vuelta tienen que cambiar algunas cosas, yo también soy el jefe de proyecto y debería actuar como tal”. Pensó autocríticamente Fer, el cual se vio sorprendido por su esposa mientras se hurgaba la nariz con énfasis.

-¿Te hago ese té digestivo cariño?

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