Juego de Tronaos: Alvaro

Álvaro llevaba ya unos cuantos años trabajando en “ExplotConsultin SL”. Era perro viejo, a pesar de ser relativamente joven. Ya casi había olvidado sus primeros días en aquella empresa, aquella ilusión y ganas. Tras pasar por un severo “síndrome del jardinero ausente”, ahora estaba más bien hastiado de aquel mundo laboral. Las últimas semanas había sido una locura: estrés, mucho trabajo, presión, malas caras, aguantar a Lorena (y su ineptitud), recortes en vacaciones, supresión de jornada de verano, el incidente “de mierda” de Fer, los humos y mala educación de Mendoza…y ahora se avecinaban “Los juegos del hambre”, el fin de semana de trabajo gratis para la instalación en el cliente, posterior a una regañina y semana tensa, y previo a seguramente más regañinas y semanas tensas. Estaba hasta los cojones de aquella situación.

No lo sabía nadie, Álvaro era ante todo discreto, pero llevaba tiempo haciendo entrevistas en otras empresas. Es lo que tiene no tener contentos a tus empleados: empiezan a buscar sitios mejores. No buscaba algo mejor sólo motivado por el proyecto peste en el que se ubicaba, o por las ganas de mejorar laboralmente (en todos los aspectos, salario, horario, condiciones, ubicación…); sino porque había algo que a Álvaro le estaba quemando. Desde que entró en aquella empresa su sueldo había sido un bloque de hielo siberiano…congelado año tras año. No había subido ni un céntimo, a pesar sin embargo, de haberse roto las pelotas a currar en esa empresa.

Había trabajado, cumplido, y con creces. Había regalado horas y horas a la empresa, se había involucrado, asumido responsabilidades por encima de su cargo, y siempre había respondido bien. La empresa a cambio le pagaba con indiferencia y ostracismo.

Todos los años se llevaba a cabo una reunión de seguimiento y evaluación (práctica común en algunas carnicas, donde estas reuniones quedan muy bien, muy cool y corporativas, pero sólo valen para sacar defectos al empleado y justificar una subida del 0% de sueldo). Siempre sucedía lo mismo en esta reunión. Se hablaba de puntos a mejorar, algún reproche, se agradece mínimamente el esfuerzo y cuando venía la parte de “subida laboral” la cosa se torcía: “Vamos al céntimo créeme, es imposible”, “este año no podremos subir nada, pero al que viene te prometemos que sí”, “estamos muy muy ajustados, no podemos, aunque nos encantaría y te lo mereces”, “la reestructuración work de templates nos deja poco margin”, “hemos tenido un mal año”, “hemos tenido un buen año, pero tenemos que retener cierta bolsa económica para nuevos proyectos”….excusas.

La única verdad subyacente era que Álvaro curraba como un campeón (y bien, bastante bien) y su salario subió menos que un browni sin levadura.

Pero la suerte sonrió a Álvaro aquella vez. Una llamada, una entrevista por aquí, otra por allá y “Wuolah”, una empresa nueva quiere contratarle, le ofrecen mejor horario, mejor ubicación, un proyecto interesante, y nada más y nada menos, que una subida salarial de 9.000 euros anuales. Álvaro comenzó con los trámites. Primero firmó el precontrato con su futura nueva empresa (“New XarCuteris Tecnologilis SA”). Una vez con su precontrato bajo el brazo fue al despacho de Mendoza. Debía entregar la carta de baja, avisando de que según el convenio en 15 días causaría baja.

-Aquí tiene señor Mendoza – Dijo Álvaro alargando la mano y entregando la carta de baja.

¿Qué mierdas significa ésto? – Contestó airadamente Mendoza tras leer la carta.

-Me han ofrecido un buen puesto de trabajo, y he aceptado.

-No me esperaba esto de ti Álvaro ….me defrauda profundamente…¿has pensado en tus compañeros?- “como un cielo abierto cuando nadie lo esperaba” un poco de técnica “no te fallaré” – ¿Y has pensado en Lorena?….cielos santo, se quedará sin su principal soporte. – Mendoza de pronto se dio cuenta del calibre de perder a alguien tan productivo y baratito.

-Bueno, es que es una oportunidad laboral, aparte de la subida salarial que también es importante y creo que…-

-Pero…ya te dijimos que al año que viene estabas el primero de la lista para la subida – Interrumpió Mendoza.

-Sí, ya…pero han sido varios años así y al final nunca se ha producido esa subida.

-Te juro que este año seguro íbamos a poder, te lo prometo – Álvaro recordó todas las promesas anteriores, siempre iguales, juraban y rejuraban, prometian y reprometian y nunca cumplían. Estaba cansado de engaños y vaciles.

-Gracias señor Mendoza pero ya está hecho, además justo este año me dijisteis que ibais “al céntimo y era imposible” por el nuevo proyecto estrella, que no había nada de margen para subirme y no quiero esperar al año que viene y dejar escapar esta oportunidad.

– Por curiosidad, ¿qué salario has aceptado?, ¿es mucha la subida? – Preguntó Mendoza viperinamente.

– Son nueve mil euros más de lo que gano ahora mismo.

– Te lo igualo.- Dijo sin titubear.

-¿Cómo?

– Rompe el precontrato y la carta de baja, y ahora mismo llamo a RRHH para que redacten tu subida, te igualo el salario que te hayan ofrecido. Lo tienes en una hora en tu mesa.

Álvaro estaba alucinando. ¿Qué cojones estaba pasando ahí?, tras años y años diciéndole que no había dinero para subirle, y que hacía apenas dos meses le habían asegurado que no tenían ni un céntimo para la subida, de pronto, resulta que sí había céntimos…y no precisamente pocos….¿Qué había pasado ahí? Habían sido entonces años de engaños, mintiéndole…(¿Haría eso una prestigiosa compañía internacional?), años que podrían haberle subido perfectamente, pero por la simple razón de la avaricia de los jefes o simplemente porque no les salía de las narices, su sueldo había estado congelado. De pronto Álvaro se sintió muy estafado, vacilado y enfadado.

La mente de Álvaro era un remolino de ideas. Podría aceptar, seguir allí pringando, pero ¡qué cojones! ¿No habría sido más fácil subirle cada año o par de años, mil o dos mil euros? Era según sus cálculos una subida que a la empresa le hubiese salido más barata que los nueve mil euros que le contraofertan ahora. Qué inutilidad de gestión, pensó. Qué impulsiva y visceral: “te vacilo con la pasta, pero de pronto tengo diez mil euros para subirte”. Pero claro, es como todo, mientras no te quejes o amagues con irte de verdad no vas a conseguir ninguna reacción. De pronto lo vio todo claro: una empresa que factura millones de euros, cómo no iba a poder subirle mil euros, era un porcentaje insignificante (un 0,000001% de la producción bruta de la empresa, lo que sería para cualquiera de nosotros dar diez céntimos, dar diez putos céntimos a alguien que te está generando miles de euros con el plusvalor de su trabajo). No le habían subido por pura avaricia.

Una mezcla de codicia y mezquindad por parte de los gerentes y directivos. Roñosería y cicatería en estado puro.

No le habían valorado, le había mentido, engañado, burlado y manipulado. Lo vio todo claro: todos esos años, podría haber tenido mejor nivel de vida, más salario, más margen de ahorro y vivir más tranquilo y mejor. Pero aquellos bastardos directivos, accionistas y jefes, preferían repartirse entre ellos los beneficios (obtenidos con el sudor de gente cómo èl) y acaparar avariciosamente ese dinero para sus yates, audis y bmw, chalets con piscina y prostitutas de lujo. Y él mientras, currando como un gilipollas…su indignación sobrepasó a su enfado, así que Álvaro tomó aire.

Está decidido, y es firme, en quince días le ruego tengan preparado el finiquito.

Sin tiempo a que Mendoza pudiese dar réplica, Álvaro salió del despacho. Mendoza soltó un grito, y dio un golpe con la mano en su escritorio que a punto estuvo de ocasionar la fractura de varios dedos.

En la sala, Álvaro daba la noticia a sus compañeros. Mendoza agarrándose la mano y rojo de ira veía cómo todos se alegraban por él. Incapaz de comprender aquel sentimiento de júbilo y compañerismo, decidió que a él no le amilanaran esas mariconadas, si quería irse que se fuese, aquel maldito desgraciado…así le pagaba el haberle dado trabajo y haberle contratado. Para Mendoza Álvaro era un desagradecido, y el resto una panda de vagos sindicalistas, a los que pronto les llegaría la hora.

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