Juego de Tronaos: Marcelo

Era la misma historia de siempre. Al final todo el secreto del éxito laboral para fardar de ser un buen empresario era eso: conseguir que tus empleados curren gratis. Presionar, chantajear, amenazar…pero que trabajen gratis. Es lo que estaba forzando Mendoza. No siempre pasaba ésto, pero era habitual. Un empresario, consultor o trilero, se comprometía con tal cliente a un proyecto, en tanto tiempo, tantos recursos y por tanto dinero. A partir de ese punto comenzaban los cálculos y se abría la veda. ¿Cuánto me gasto en poner a programadores?¿Necesito cinco?¿Qué incentivo saco si consigo aquéllo?¿Cuánto Beneficio neto obtengo si hago esto?¿Y si me ahorro programadores?¿Y si consigo que trabajen gratis los findes?. Al final contratamos a dos pardillos en lugar de cinco y baratitos, da igual que sean buenos o no, y si hace falta que trabajen horas extra gratis, ya les embaucaremos para ello. El proyecto sale, el programador en el mejor de los casos se queda como está, y el trilero se forra. Bonito negocio.

Marcelo siempre se preguntaba por qué tragaban tanto. En qué momento se dejaron someter hasta el punto no sólo de trabajar horas gratis (que oye, puede darse el caso puntual), sino hasta el punto de renunciar a jornadas de verano, días de vacaciones y fines de semana, incluso tener que trabajar desde casa en horario no laboral. ¿En qué lugar en el tiempo se jodió aquel mercado laboral?

Los proyectos salen, a veces no se sabe cómo, pero salen, a base de incompetencia por arriba y horas extra por debajo. A base de descargar responsabilidades por arriba y meterlas por el culo a los de abajo. Pero salen, que es lo que importa. Y mientras salgan, seguiremos pagando los de siempre. Marcelo tenía claro que él no iba a trabajar gratis, y menos por aquel proyecto.

El viernes antes de “el finde de los juegos del hambre” (así lo habían apodado chistosamente los programadores), Marcelo se despertó sobresaltado; aquel día se había precipitado casi sin tiempo para nada más que no fuese trabajar a destajo para intentar tenerlo todo. Sabía que eso daba igual, daba igual si hacía bien su trabajo, si se había esforzado en avanzar todo lo posible, también sabía que se iba a arrojar a las llamas, pero estaba decidido, no iba a ir a trabajar el fin de semana entero gratis. No podía hacer más, sólo seguir sus pensamientos y ética.

A media mañana del viernes Marcelo sintió un incómodo golpe en el hombro. Era José. Le indicó con el dedo que se levantase. Se avecinaba reunión Gestapo. Juntos fueron a un despacho pequeño. Entraron y José ni se molestó en encender la luz.

-¡Contamos mañana contigo para desplazarte al cliente!. – Dijo José haciendo como que ordenaba unos importantes documentos garabateados.

-¿Es una pregunta o una afirmación?

-Pregunta, más bien. – Jose dejó sus papeles y miró a Marcelo.

-Tengo cosas que hacer el fin de semana. – Mintió Marcelo.

-Sabes qué pasará si no te presentas el sábado… – Sonaba a amenaza. Parecía un amenaza. Tal vez fuese una amenaza velada en el oscuro despacho de la sede de una consultora multinacional. ”Esas cosas sólo pasan en las películas” pensarán algunos.

-Mira, tenga o no cosas que hacer, el contrato es de lunes a viernes…si voy a trabajar un sábado o domingo, y hay una inspección de trabajo o un accidente, por ejemplo, no sólo se os cae el pelo a vosotros, a la empresa, sino a mí….estaría trabajando ilegalmente, sin ningún tipo de acuerdo y nada por escrito. Y créeme, quiero cumplir con la legalidad.

-Mira Marcelo…tienes ese feo defecto, que pides todo por escrito, pero créeme…me caes bien, creo que eres buen tío, incluso comparto tus ideas en muchos puntos……a mí también me gustaría quedarme en casa con mi familia e hijos, ¿sabes?.

-Entonces hazlo…no te van a pagar de ninguna manera tu esfuerzo y si la cosa se tuerce acabarás también despedido. ¿Es que no lo ves? – José sólo veía sus nuevos galones.

-Pues no lo hago precisamente por eso. Porque soy responsable de mi trabajo, y no quiero acabar en el paro. Tengo una familia que mantener y un compromiso con la empresa y con mis compañeros. ¿Has pensado en tus compañeros?

Marcelo tenía ya experiencia y sabía lo que venía a continuación. Venía la de “COMPAÑEROS, NO TE FALLARÉ” sólo que sin Valle y Quimi, y con otros actores principales en su lugar: un trilero y un pringado. Consiste en intentar tocarte ese corazoncito sindicalista alegando a tus compañeros, los cuales iban a tragar (más que tú) en aquel lodazal de horas extra no remuneradas, e intentar manipularme para que te sientas culpable. La estrategia psicológica consiste en que den pena y a la vez te sientas mal. Eres un listo (un puto vago) que no va a trabajar y tragar horas gratis, y tus compañeros sí, te aprovechas de su esfuerzo. Si tú no trabajas, ellos tendrán que hacer tu parte. Eres lo peor, no tienes consideración con tus compañeros los cuales sí se esfuerzan. La otra parte de la técnica “Compañeros, no te fallaré” era confiar (y casi siempre sucedía) en que el resto de compañeros realmente te viese como un “jeta” de tres al cuarto que se iba a librar de pringar como todos, como Dios manda.

-Creo que no es justo…tu actitud perjudica al grupo y a los primeros que perjudica es a tus compañeros. ¿Te has parado a pensar por un momento en ellos?

-¿Mis compañeros?

-Sí, ellos han confirmado que harán el sobreesfuerzo, sólo tú estás poniendo pegas…¿acaso vas a dejarles tirados?, tanto con los derechos laborales y todo ese rollo sindicalista y ahora vas a abandonarlos…tu actitud les va a perjudicar. – “No te fallaré, somos compañeros…siempre estaré ahí” en la cabeza de Marcelo sonaba la melodía de la mítica serie.

Mis compañeros son libres….ellos pueden hacer lo que quieran. Yo tengo claro qué hacer.

-Pero ellos van a pringar y tú no, mientras tú estés en casita jugando a la Play ellos van a estar sacando tu trabajo y el proyecto adelante. Creo que no es justo. ¿No te parece?,¿ no te da vergüenza?.

Al contrario de cómo piensas, creo que es al revés. Ellos hacen un flaco favor tragando con todo ésto, currando gratis y todo eso. Están haciendo que eso sea normal y es algo que nos afecta a todos….también yo lo podría ver como una falta de compañerismo… si todos dijesen NO y no tragasen…a lo mejor otro gallo nos cantaría…el compañerismo también puede ser unirse contra una causa injusta que nos afecta a todos y protegernos entre nosotros. Pero yo…al contrario que vosotros no voy a obligar ni a amenazar a nadie para que haga algo en contra de su voluntad. Respeto lo que quieran hacer, y eso os pido a vosotros. No voy a trabajar gratis.

-Creo que no tienes ni idea Marcelo, aquí nadie está amenazando. Os pedimos un esfuerzo, te pedimos compañerismo – “Como un cielo abierto cuando nadie lo esperaba…cruzaste nadando…..nananana.” la cancioncita seguía sonando en boca de José.- Te pedimos unidad y que no dejes en la cuneta a tus compañeros que se van a romper el culo el fin de semana.

-Me pedís trabajar gratis, otro sobreesfuerzo más…y me decís que es voluntario; como voluntario que es, os digo que no, y como resultado aquí estamos en un oscuro despacho intentándome hacer chantaje emocional con mis compañeros.

En el mundo laboral muchas empresas se afanan en funcionar como sectas. Empresas que alquilan casas rurales y organizan actividades en grupo con compañeros de la empresa. Una parte de todo ésto es precisamente crear ese vínculo trabajador-empresa y trabajador-trabajador. Se ha sustituido la dignidad de un compañerismo justo ante las injusticias y los abusos laborales, por un compañerismo de amiguetes que impide ver más allá de los intereses de la empresa. Empresas sectarias que se empeñan en forjar lazos entre compañeros para evitar ovejas negras que alcen la voz.

-No digas que no te avisé.

José se levantó y dejó a Marcelo allí sentado. El joven programador miró a la oficina. Él apreciaba a sus compañeros, tenía buena relación con ellos, para él eran amigos. Pero tenía claro que no iba a dejarse explotar le costase lo que le costase.

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