Juego de Tronaos: Marcelo

Cuando despertó aquel lunes, Marcelo no se imaginaba la jornada que estaba a punto de vivir. Todo iba bien, rutinario mejor dicho. Tomó su insípido desayuno como cualquier otro lunes y condujo por la misma ruta de todos los días. Durante el trayecto no podía ni pensar en otra cosa que en el puente que le esperaba a final de semana. Para Marcelo el trabajo era sólo un medio, sólo una vía para subsistir. Siempre había pensado que hay dos tipos de personas en este mundo: “los que viven para el trabajo y los que trabajan para vivir”. Marcelo era de los segundos, y ante la perspectiva de un puente sólo podía hacer planes, pensar en relajarse y descansar junto a su novia y familia. No era de aquellos “bussines man” engreídos, engominados y con sus blackberry, de esos que no se despegan de su trabajo ni para comer ni para cagar. Era diametralmente opuesto a todo eso, a ese mundo de “cultura de trabajo” ante todo.

“El trabajo, es trabajo, sólo trabajo” pensaba mientras conducía hacia las oficinas de la empresa. Un intercambio de tiempo, habilidad y atención por dinero. Simplemente asesinaba horas de reloj a cambio de dinero para subsistir. Mientra circulaba barruntaba para sus adentros atascado en la M-30,  Marcelo se daba cuenta de que la gente (trileros y jefes incluídos) creen fehacientemente que los informáticos son una especie de gurús de los ordenadores, que viven sin presiones y a los que les encanta quedarse horas y horas delante de un monitor perdidos en líneas de código interminable, porque claro “son unos frikis que aman los PCs”.

 – Jodidos idiotas – Murmuró Marcelo en medio del ya habitual aglomeramiento automovilístico.

Aunque la verdad es que muchos informáticos son así, Marcelo no era así. Con el paso de los años, y ya eran unos cuantos, había perdido toda la pasión por el mundo de la informática y la programación. Había llegado a quitar el velo “cool” que cubre la zahurda, y ver el sector tal y como era, un mundo emponzoñado y lleno de mierda: horas extra gratis, presiones, responsabilidades por encima de tu rango y salario, engaños, mentiras, acoso, malos modos, injusticias, gritos, insultos, amenazas, reuniones gestapo….

Entre divagaciones llegó puntual a la oficina. Todo estaba tranquilo, el ambiente era casi festivo. Era lógico, la red no funcionaba, lo que suponía sentarse frente al ordenador y fingir que importaba algo que no hubiese red.

La mañana transcurría plácida hasta que Marcelo notó un incómodo golpe en el hombro. Era “Fer” el jefe del proyecto.

– ¿Tienes un minuto por favor?

No dijo más palabras, simplemente indicó con el dedo que le siguiese. Era como ser arrestado por la Gestapo, Fer condujo a Marcelo hacia un lúgubre despacho que a su vez hacía las funciones de sala de entrevistas. Fer entró en la estancia y cerró las puertas.

-Eh…No…nada…estoooo… – Fer se urgo ávidamente las fosas nasales- sólo comentarte el tema de las vacaciones. – Comenzó divagando Fer, el cual inconscientemente volvió a llevar su mano hacia sus narices para acariciarlas con mimo.

-Tú dirás – Marcelo estaba expectante, pero sin un ápice de temor.

– Pues resulta que no vas a poder disfrutar de los quince días en verano que me solicitaste, es un tema geoestructural de planificación de Matching Business Laboral – Ya estaba Fer con sus “tecnicismos” y mierdas, agradecería mucho más que lo dijese claramente; “no hay más vacaciones porque Mendoza y los jefazos quieren ganar más pasta a costa de tu puto trabajo, pedazo de loser

-¿Puedo partir los quince días, si ese es el inconveniente? – Marcelo a pesar de todo, intentó dar facilidades.

– No lo has entendido …- Suspiró Fer, y se retrepó en la silla, incómodo, como si se estuviera cagando-  esto viene de arriba, directiva y demás han decidido limitar los días, y bueno, ahora mismo necesitamos un sobreesfuerzo para el proyecto…y…no podemos retrasar la entrega ni un día – Fer tenía claro el mensaje a pesar de todo.

-Si hace falta puedo quitarme los dos días de Junio que te pedí, es que en verano necesito los quince días de vacaciones – Intentaba mantener la compostura, pero Fer era una persona complicada, un trilero habilidoso. A cada pregunta o respuesta lógica él soltaba datos inconclusos.

-Bueno verás, las vacaciones están conmutadas y reguladas en el año establecido y la entrega es justo a mitad de verano actual y la directiva interna quería recortar más las vacaciones estructurales, así que da gracias, que por lo menos os den diez días. – Fer tomó aire – Porque aparte de la planificación “step to step”, se incluye una entrega antes del ochenta por ciento, y los plazos se han acortado ya que las funcionalidades implementadas lógicamente han ido aumentando y la facturación interna, prerelease y postrealese, está ya finiquitada económicamente y presupuestada ampliamente y delimitada – Un momento: ¿Qué plazos?, ¿Qué funcionalidades?, ¿Qué facturación? ¿Qué narices era eso?, Marcelo era un simple programador, ¿de qué cojones estaba hablando Fer?. Eran cosas que para él deberían ser transparentes. No sabía nada de esas cosas, ni números, ni facturaciones ni nada por el estilo. Fer comenzaba a mezclar temas, y Marcelo sólo quería sus putos quince días de vacaciones.

-Todo eso está muy bien, pero estos temas debéis avisarnos por escrito y con antelación, y no en reuniones secretas en despachos oscuros – Marcelo estaba hastiado de la palabrería de Fer.

-Ya estamos con lo de pedir todo por escrito, qué manía, siempre lo mismo de verdad Marcelo, tu actitud no es la correcta…verás… – Fer arrugó la nariz, pero esta vez no se la tocó -esto no funciona así. A mí me lo dicen y yo os lo comunico, no habrá nada por escrito por mucho que insistas, ni avisos, ni escritos, ni acuerdos…es una decisión empresarial que debéis acatar sí o sí – Fer parecía molesto.

-Pero es que tengo ya reservadas las vacaciones y …-

-Elige dos semanas y pásame esa previsión de vacaciones, no más – Interrumpió Fer, el cual suspiró y puso sus manos morcillonas encima de la mesa.

-Pero las vacaciones ya están aprobadas, no las puedes cambiar – Marcelo se cansó de aquel juego. No tenía mucha idea de la legislación actual (esa que siempre cambian políticos para contentar a los empresarios) y creía que eso era de ese modo.

-Eso no va así, estás tú muy equivocado creo yo…. en caso de emergencia se puede cambiar – Fer comenzó a improvisar – esto va de la siguiente manera: no hay nada por escrito y debes amoldarte a lo que necesita la empresa…que es la que te paga, y es la que te da trabajo, y esto es una situación de emergencia y extraordinaria, hay que hacer un “Push” final para la entrega  – Un “Push” decía, Un “pushnetazo” en la jeta era lo que quería darle Marcelo

-Está bien, ya te diré algo – No quería seguir con aquéllo. Iba a llamar al sindicato y al abogado laboralista que conocía. Cuando tuviese toda la información ya contratacaría. Necesitaba ordenar sus ideas, informarse y saber cuáles eran sus derechos. A veces dar un paso atrás no es una retirada, sino coger impulso.

Marcelo volvió cabizbajo hacia su escritorio, ahora tocaba pensar en una estrategia. Un verano así era horrible, con tan pocas vacaciones, insuficientes para reponer cuerpo y alma de esa tortura diaria, de ese secuestro domiciliario de 40 horas llamado trabajo, bueno 35 horas, ya que la semana siguiente comenzaría la jornada de verano. Algo era algo, por lo menos.

No podía tener un verano con vacaciones normales, no podía dar la baja, cambiarse de empresa, ya era tarde para eso justo antes del verano. Era prisionero de un trabajo que cada día le deprimía más, le importaba menos y del que estaba seguro que no iba a seguir, ya fuese porque se marcharía, o porque le despidieran. Marcelo no tenía ninguna motivación para seguir allí. Desde el primer mes todo fueron presiones, sugerencias de trabajar horas gratis, indicios de marrones que no le correspondían, amenazas y bandazos de la dirección del proyecto. Nadie en su sano juicio se encuentra a gusto en un entorno así.

Todo esto sin entrar en juicio y valorar a los ineptos y mentecatos de su superiores. El proyecto era como una pirámide invertida, arriba de la pirámide la parte más ancha, estaban todos los jefazos y accionistas, dueños de la empresa: Mendoza, Noelia, Ben y alguno más del cual ni sabía su nombre; luego venían los cargos intermedios, que abarcaban desde Fer (jefe de proyecto) a gente subalterna como Simón, Julián, Samuel, Tatiana y Lorena. Hasta aquí hablamos de gente que no produce, que no imprime una línea de código, ni una línea del producto, son gente que se dedica a hacer proyect, Excel, documentos que nadie lee e ir a reuniones en las que no pintan nada. Suya es la labor de planificar todo este tinglado, de ajustar las fechas y los análisis funcionales. Trabajo que hacen mal, ya que si lo hiciesen bien, Marcelo podría disfrutar de sus vacaciones sin pegas.

Hasta hace pocos días, y porque ya la cuestión no se sostenía, eran dos los que sí desarrollaban código, construían el producto que se iba a vender al cliente, hacían la aplicación, las pantallas y sus tripas. Eran la parte puntiaguda de la pirámide invertida, alimentando a unos cuantos jefes con su sudor.

Lo curioso de esta pirámide era que la parte de los jefes era un mosaico de incompetentes y mentecatos que canalizaban todo el trabajo de manera desestructurada y aglomerada a los trabajadores de la parte inferior de la pirámide invertida. Todo acababa siempre siendo un despropósito, todo siempre mal, a destiempo y con continuas modificaciones, y en los peores casos sin saber ni siquiera qué hacer, o a qué jefe rendir cuentas. Un desastre absoluto.

Marcelo a media mañana llamó a gente del sindicato, quería saber cuáles eran sus derechos y hasta qué punto podían imponerle las vacaciones. Le confirmaron que la mitad de las vacaciones te las pueden modificar de parte de la empresa, siempre y cuando ambas partes (empresa y trabajador) no llegasen a un acuerdo, y para hacer ésto, se debe convocar un comité de arbitraje entre empresa y sindicato/trabajador para fijar las vacaciones. Por supuesto todo esto negociado, legal y por escrito, no como le había mentido el mentecato de Fer.

Hacia la una de la mañana ya estaba mareado de dar vueltas a la cabeza, de pensar soluciones, de imaginar lo que iba a decirle a Fer la siguiente vez que hablasen de las vacaciones. Era un día de mierda, pero lo que no sabía es que iba a ser mucho peor. Mientras lanzaba un proceso de Base de Datos, el aviso de Correo del Outlook irrumpió en la esquina inferior de su pantalla: “Reunion: Vacaciones Y JORNADA DE VERANO, hora 13:15”.

Convocaban a todos los desarrolladores y miembros del proyecto, el emisor del correo era Fer, así que lo que había comunicado en privado a Marcelo sobre la restricción de vacaciones era lo que les iba a decir a todos sus compañeros. Nada de más de diez días de vacaciones. Se iba a montar buena. Sin embargo lo más preocupante del correo, y que a Marcelo no le había dicho, era la parte que decía JORNADA DE VERANO. Entre todas las amenazas de los jefes, una de ellas siempre fue el quitar esta jornada de verano. El día aún no había tocado fondo.

 

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